Los silencios, la retórica y la esperanza.


Por Manuel Bermúdez.

Susana Díaz durante el discurso de investidura.

Susana Díaz durante el discurso de investidura.

En sendos artículos hoy tanto Iñaki Gabilondo como Concha Caballero hablan de silencios. El veterano periodista reflexiona sobre el silencio amargo aunque comprensible, dada la disciplina en los partidos de la militancia de los mismos. Concha Caballero hace hincapié en el silencio social, el silencio de quienes temen más a la decepción que a la desesperanza.

Ciertamente en más de una ocasión he dedicado artículos a ese mismo silencio por el que Concha Caballero se indigna, contra el que quienes nos movilizamos multitud de personas que militamos en movimientos políticos, partidos, movimientos sociales. Ese silencio es efectivamente el mayor grito, el monumento más desproporcionado a la desesperanza que se ha instalado en nuestra sociedad. El resultado de una educación acrítica, impersonal, que da la espalda al humanismo en general, individualista y de consumo. Una educación alentada por las diversas reformas que el bipartidismo ha puesto en marcha, de ahí que hayamos obtenido una sociedad bien formada en parcelas de conocimiento, pero donde los valores éticos, la capacidad crítica, el empoderamiento, que no es otra cosa que la asunción de responsabilidades y su puesta en práctica, brillan por su ausencia. Por eso es comprensible que viviendo en un auténtico estado de excepción, casi policial y judicial, donde las responsabilidades políticas brillan por su ausencia tanto como la impunidad, incluso los más que probables delitos que, sencillamente,  prescriben y prescribirán, es comprensible, digo, que no se haya producido una auténtica rebelión ciudadana y se haya instalado la desmemoria a corto plazo en la sociedad española – dice Concha Caballero: Protestamos ante el primer recorte de derechos sociales pero hoy no sabríamos enumerarlos todos: copagos, repagos, cierre de servicios. Cicatería absoluta con los más pobres…-.

Quienes militamos en partidos o movimientos políticos de izquierda, a la que llamamos real, sabemos por la historia y los instrumentos de análisis de que gozamos, que ninguna sociedad puede transformarse si no hay una acumulación de fuerzas suficiente. Esto que en lenguaje marxista es de sobra conocido, no se entiende correctamente desde la mentalidad general de la sociedad. Traducido al lenguaje común no es otra cosa que sin que exista un convencimiento profundo unido a un deseo personal y colectivo de transformación en el seno de nuestra sociedad, y no sólo entre diversos partidos y movimientos políticos, cualquier cambio es sencillamente imposible.

Sin embargo, no sólo el sistema educativo del que nos provee el bipartidismo ha hecho un daño profundo en nuestra capacidad crítica y por lo tanto en el sentido íntimo de ciudadanía que todos y todas debiéramos tener. Efectivamente el veterano periodista vasco tiene mucha razón. El silencio militante es desgarrador. Describiéndose en los estatutos de los diversos partidos políticos la capacidad y el derecho a las corrientes internas para hacerse oír, no es menos cierto que se prefiere que las diferencias y contradicciones políticas se diriman dentro de los aparatos. Tiene sentido esta medida. Una sociedad como la nuestra, tan dada a establecer las diferencias promoviendo los rumores, practicando la insidia, instalada en la envidia, la débil valoración del mérito, el trabajo cuidadoso y la corrupta costumbre popular hacia el privilegio, no da mentalidades distintas a aquellas personas que se dedican, incluso con la mejor de las intenciones, a la política como servicio ciudadano.

Decimos que las personas pasan pero las ideas se quedan, sin embargo no son otras que las personas las que encarnan las ideas, las ideas no sobreviven a la naturaleza humana. La naturaleza tiene sus propias leyes y estas hablan perpetuamente de la supervivencia a costa de cualquier cosa. La belleza de la naturaleza está en nuestras miradas, en sí misma, es cruel. La naturaleza en buena medida es capitalista. Libre se adueña de todo y sólo los seres más fuertes sobreviven a costa de los más débiles. Contiene todos los recursos que ella misma necesita, pero evoluciona de forma que concluye en una auténtica implosión. Se devora a sí misma.

Siendo tan legal como la elección de González en la Comunidad de Madrid, como lo sería la de cualquier otro u otra candidata del PP a la presidencia si Rajoy fuera lo que no es, un hombre digno, la investidura de Susana Díaz como presidenta de la Comunidad Andaluza, tras el nuevo engaño de primarias al que se ha autosometido el PSOE, me produce perplejidad. La clase política se traiciona abiertamente y sin el menor sonrojo, mientras este estado de impunidad, al que nos sometemos por omisión la ciudadanía andaluza y los militantes de los partidos políticos, continúa ganando terreno al amor propio, la dignidad y la democracia.

Sin demérito por el hecho en sí mismo, la futura presidenta andaluza ha desarrollado toda su actividad personal dentro del partido político al que pertenece y con treinta y nueve años se ve que ha acumulado la ciencia y sabiduría necesarias para dirigir a millones de personas hundidas en el desamparo y la desesperanza porque obra en su alma una utopía según aseguró al final de su impostada intervención. Su discurso de ayer, pese a introducir alguna intención llamativa, me dejó pasmado. Se atrevió a decir que huía de la retórica, sin embargo ni siquiera los medios de comunicación progresistas han hecho un mediano análisis del discurso, y se han empleado en reeditar partes de su discurso y en calcar las declaraciones de los diferentes portavoces de las restantes fuerzas políticas.

IU lo tiene crudo. Un abandono del gobierno andaluz entregaría el poder al PP con todas sus consecuencias. El desgaste de sus diputados y diputadas es cruel, casi testimonial hasta el momento y criticado desde fuera tanto como desde dentro de la propia formación, porque jamás fue tan difícil actuar en un gobierno que tira hacia las posiciones de la troika al tiempo que es objeto de los recortes presupuestarios del gobierno central, cercenando las posibilidades de realizar muchas de esas otras políticas posibles de las que alardeaba en su discurso la socialista.

Costará lo indecible cambiar el signo en algunas cuestiones como se intenta con las medidas y leyes que IU  pactó y de las que diecisiete meses después del compromiso tanto cuesta arrancar al PSOE, aunque diga ser fiel a los acuerdos. Sin embargo, a la sociedad andaluza me dirijo, el margen de maniobra es el que es y creo firme y honestamente que nuestra apuesta es sincera y posibilista, aunque nuestros y nuestras diputadas se quemen en la pira de esta democracia vacua. Me gustaría transmitir la esperanza de que si acumulamos fuerzas suficientes entre la sociedad andaluza, si acumulamos fuerza militante, fuerza social en nuestra comunidad y nos entregan la confianza por la que tanto estamos luchando, desde las bases hasta los y las representantes parlamentarias, podremos hacer otra política que nos acerque a la alegría a través de la intervención concreta y alternativa, recuerden nuestro programa de gobierno, observen nuestras iniciativas continuas. y lean, por favor, lean nuestros próximos compromisos. No. No todos somos iguales.

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