Marhuenda gritará ¡Hasta la victoria siempre!


Por Manuel Bermúdez

SiriaDespués de unos veinticinco años los adalides de la democracia y la libertad occidental, los EEUU, abrirán los archivos del Congreso, como quien abre las alamedas, y sabremos toda la verdad, para decirnos cariacontecidos, qué malos eran y qué justos son proclamando a los siete vientos sus errores. Pero eso sí, para el jueves próximo si las tormentas solares no impiden la transmisión de señales a los satélites militares ni las aguas del viejo Mediterráneo sufren grandes marejadas, ya podemos tener preparadas las pipas y la coca cola, o las cervecitas y unas tapas. Todo augura, ¡para frotarnos las manos! Futbol sin Iker, Ciclismo ibérico y bombardeo en Damasco. ¿Quién puede pedir más?

Después de varios años de lujuriosa guerra envenenada en las calles de Alepo, Homs y adyacentes. Tras descubrir de la noche a la mañana la piedra filosofal que se ocultaba en nuestra ancestral ciudad de la sabiduría, Bashar Al Asad se muestra como lo que antes ni él ni su papá fueron: unos tiranos sátrapas de ahí no te menées. No gente decadente o excéntrica, no. Tiranos de mala ralea, sanguinarios hombres del saco. Lo peor. Y claro los servicios secretos norteamericanos, ingleses, israelíes y de todos los países libres y justos se dicen: ayudemos a los rebeldes, como ayudamos generosamente a los milicianos españoles en su guerra contra el fascismo.

Tras de mi cogote saldrá el Marhuenda de turno que me califique de rojo radical, y tras sus ojos acuosos y un rictus de tristeza en sus labios me espete: ¿defiendes la muerte indiscriminada de niños y ancianos, la destrucción de todo un pueblo como cuando hicisteis lo que hicisteis en Paracuellos? Como si yo mismo hubiera apretado el gatillo en ambas ocasiones y él no.

Para los Marhuenda de hoy y de siempre esto no es más que una intervención humanitaria, como el envío de tropas españolas a Irak y Afganistán dispuestos por el nobel de la paz Aznar. Una intervención quirúrjica asistida por tv mediante la que volveremos a ver las consabidas columnas de fuego que salen de los destructores y portaaviones como si de las Fallas de la Libertad se trataran, para luego en blanco y negro y tras una crucecita enmarcada por cuatro vértices, impactar, impoluta, contra un edificio concreto que pone fábrica de armas de destrucción masiva en su fachada o sobre una batería antiaérea en la que, por supuesto, no hay ningún soldado. Coño, ni sangre se ve… dame más pipas que luego comienza el master mil y estamos a punto de ser el número uno de la ATP

Lástima que sólo se anuncian tres días de lucha por la libertad. Nuestros aliados no van a tener oportunidad de consumir todo su stock de tomahawks ni otras lindezas. Pero eso sí, nos aseguramos unos años más de motivos para que los israelíes construyan casas para sus colonos dentro de las casas de los palestinos, gente baja y ruin, guarrilla, dada a la algarada con piedras y diciendo cosas feas. Al final, tendremos otra democracia más consolidada: bicameral, constitucional, elecciones por sufragio universal, incluidas las mujeres que podrán salir de 11 a 12 de la mañana acompañadas de sus hijos y suegras, bajo un hijab la mar de mono. Igualito igualito que en Kuwait, Libia, Afganistan, Irak, y Arkansas del Norte, y ya por fin Siria.

Los Marhuenda gritarán como de costumbre: ¡hasta la victoria siempre! Y luego se irán de compras al Corte Inglés.

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