La jueza libera a Juana de una herencia envenenada


juanayencarniLa asamblea de Izquierda Unida de Torredelcampo se alegra por la sentencia dictada por la jueza de Jaén, mediante la cual libera a Juana Vacas de la herencia recibida tras el asesinato de su hija a manos de su pareja sentimental, quien cumple condena por sentencia firme de asesinato.

Creemos que se trata de un caso paradigmático del sistema patriarcal que nuestra sociedad aún se muestra incapaz de revertir. Tal es así que todo este asunto se mueve en el terreno abonado ancestralmente por la posición de privilegio de los hombres frente a las mujeres, que ha conducido inexorablemente a un cúmulo de sucesos a cual más feroz: los malos tratos infligidos por un hombre a una mujer que además mostraba signos inequívocos de enfermedad mental y que terminó, desgraciadamente con su asesinato. Hay que dejar bien claro, que a pesar de conocerse este caso particularmente en Torredelcampo, donde se produjo, un número nada despreciable de personas mostraron, cuando no la comprensión con el asesino, la justificación, mediante la victimización de la mujer asesinada, mediante el consabido eran tal para cual, ella se lo buscó y un sinfín más de expresiones que califican como auténticos monstruos a las personas, mayoritariamente del sexo masculino, aunque también alguna del femenino, que así argumentaron el hecho.

A estas alturas, este proceder, cuando los distintos gobiernos internacionales, nacionales, comunitarios y locales, con mayor o menor fortuna, tratan de sembrar las semillas de la igualdad y luchan por erradicar la violencia de género, no puede resumirse en un lacónico: no pueden evitar tener la mentalidad que tienen. A estas alturas quien no cambia de mentalidad lo hace por una falta de voluntad tal que sin duda es paralela a la masa de información que le es proporcionada por los poderes públicos e incluso por sectores de la sociedad por los que, cuando menos, conoce la letra según la cual hombres y mujeres, mujeres y hombres somos diferentes en el sexo, pero iguales en derechos, deberes y capacidades. Así, si la letra no acaba por convertirse en canción popular no es más que por nuestra resistencia a aceptar una verdad insoslayable, básica, humana, que ya nos arrolla aunque sólo sea por la repetición de la misma.

Pero el caso va más allá. Un poder que transita entre lo público y lo privado, beneficiado mediante privilegios arcaicos y secularmente en su mayoría en manos de hombres, como son las notarías y los colegios que las integran, han jugado, una vez más con el poder, que no la autoridad; con el monopolio y la displicencia que posteriormente su corporativismo pretende ocultar. Enfrentado con todo su aparato a dos mujeres, madre e hija y probablemente mediante un procedimiento insuficientemente aplicado y amparado por una mala praxis, puso en  una herencia envenenada mediante la cual empobrecían económica y moralmente a una anciana y a su familia. Desahuciándolas no solo de viviendas, sino de toda una vida laboriosa y comprometida hasta la médula con la salud de la asesinada, más sus labores.

El buen hacer de la PAH, el apoyo social, el tesón de Encarni y la entereza de Juana junto a una diestra interpretación de la ley por una jueza, han hecho el resto.

A pesar de que pueden plantearse recursos, hoy es momento para la alegría y para la felicitación, ya que parafraseando a aquel famoso abogado de la película Philadelphia, en ocasiones el derecho hace justicia.

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