Aquí no dimite ni el Tato.


Por Manuel Bermúdez

rajoyEsta es una triste nación en la que la tradición católica, el feudalismo caudillista y el fascismo se viste de militar ferrolano traidor. Una nación en la que siempre perdimos todas y todos, que no ha sabido coger el tren bueno y se ha enganchado a un mercancías que nos transporta como a tales. Dinastías de hasburgos y borbones, aliñados de presidentes, validos, ministros y su caterva de directores y secretarios generales, continúan en su corte, anclados a pedestales marmóreos y viviendo como lo que son, reyes.

Mientras ellas y ellos visten a la última sus almas vendidas al mejor postor, engrasando el sistema económico con un mar de lágrimas de millones de paradas y parados o el sudor de las personas trabajadoras que han visto reducido su salario y sus condiciones laborales y asistenciales, nosotros continuamos, como si de vasallos analfabetos se tratara, entrando en el juego que a ellos les interesa. ¿Quién ganó el combate: Rajoy o Rubalcaba? Como si de dos se tratara y como si de la pelea de gallos que siempre ha sido mientras lo permitamos, se tratase.

Que si se disculpó o nombró al innombrable, que si tú más y fin de cita, Qué vergüenza, señoras y señores. Qué vergüenza.

Probablemente un despiste humano haya causado la muerte de 79 personas en Galicia. El responsable asume su error, se muestra hundido y sólo espera saber cuánto tiempo de su vida ha de entregar en privación de libertad por lo que un error humano ocasionó. No hay más que mirar su rostro y el gesto de sus hombros, sobre los que, más allá de la posible condena judicial, pesan tanto horror, muerte, invalidez y soledad, asumidas con la fatalidad del operario, su propia conciencia lo humilla y lo acusa inexorablemente.

Entre tanto los gallos de pelea de nuestro parlamento, que han dirigido con igual sensatez la máquina, la velocidad, las bifurcaciones, de nuestra vida, pagados por encima de sus posibilidades, con el quítame allá esas pajas de mi error humano se marchan de vacaciones, mientras sus hijos e hijas les comunican por whatsapp que vuelven desde los colegios privados en países lejanos a tomar un coctel con la familia.

Cuánto me gustaría que todos les hiciéramos una proposición que no pudieran rechazar.

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