¿Función social de la vivienda? Función del Pueblo


Por Manuel Bermúdez 

cobardíaSi en el Decreto de la Función Social de la Vivienda la Junta de Andalucía hubiera penalizado a los propietarios privados de más de una casa en vez de a los bancos ¿creen ustedes que el Partido Popular hubiera presentado el recurso al Tribunal Constitucional para paralizar la medida? No. Muy al contrario hubiera utilizado el decreto para ir contra Izquierda Unida, cuya Consejería fue la promotora. Les hubiera servido una vez más para hacer política barriobajera de la que acostumbra. Hubiera utilizado el argumento para cargar contra la ideología de la izquierda real en España. Van contra las propiedades que tanto nos han costado conseguir a los trabajadores y las clases medias, hubieran dicho.

La Unión Europea tampoco se habría quejado como lo acaba de hacer asegurando que el decreto supone un descrédito de la economía españolas. Y los bancos no hubieran presionado lo más mínimo a este gobierno de marionetas, servil al capital y los intereses de especuladores y ratas inmundas. ¿Por qué? La explicación es bien sencilla: los bancos se habrían frotado las manos porque un decreto contra las viviendas vacías de los particulares supondría una merma de su patrimonio y para asegurarlo habrían de acudir a préstamos. Las dificultades económicas de los particulares, de los ciudadanos, fueron, son y serán la oportunidad para que estos buitres carroñeros se enriquezcan más de una u otra forma. Así que no. Todo hubiera sido de otro modo.

Pero Izquierda Unida midió bien su propósito: gravar las viviendas vacías de inmobiliarias y bancos, que son la inmensa mayoría en el país, y apoyar a los ciudadanos que mantienen varias viviendas de su propiedad para que dispusieran su alquiler y salvar, mediante un seguro financiado por la Junta, posibles dificultades de cobro. Porque de lo que se trata es de que existiendo un tremendo festín de viviendas sin uso, sin que los bancos paguen las cuotas a las comunidades de vecinos – contra lo cual nuestro gobierno no presenta medidas de ningún tipo – se obligara, mediante una penalización importante esa acaparación inútil de espacios deshabitados y llegado el caso, como así ha sido, se expropiara su uso durante un período de tres años, facilitando así a quienes fueran desahuciados una posibilidad de futuro.

Es indignante, vergonzosa y mezquina la respuesta de nuestro gobierno y de la UE. Una vez más, nunca la última, fieles a sus verdaderos amos: el dinero, las corporaciones, la banca. Frente a esto, también una vez más, nuestra sociedad calla. 13 familias y su proyecto de vida se verán inmediatamente defenestradas, excluidas por que más allá de perder su vivienda deberán hacer frente a una deuda impagable por un techo que ya no tendrán.

Los gobiernos y sus asesores, el español y el europeo, secuestraron nuestros impuestos, ahorros y salarios para enriquecer a bancos y empresarios antes que cualquier otra necesidad social, de ahí se derivan los recortes, el pago de intereses de la deuda que esta operación engendró, el paro de seis millones de personas, la subida de tasas universitarias, el recorte de becas y pensiones, de sanidad, educación; mientras miran hacia otro lado cuando se trata de que los bancos devuelvan el dinero robado mediante las preferentes.

Pero somos así. Creemos en el capital tanto que en vez de ser aquel pueblo que un papa nombró católico, somos un pueblo capitalista y preferimos soportar las consecuencias, el robo que acaba de destaparse durante más de veinte años del Partido Popular, al fin y al cabo, del dinero de todos, financiándose a través de sobornos, cohechos y prevaricaciones, porque pensamos que a nosotros no nos alcanzará nada de lleno. Acostumbrados a la resignación católica, llenos de orgullo nacional con nuestra bandera del toro, nuestros San Fermines, nuestro futbol, nuestra paciencia de cobardes siervos. Incapaces de tomar partido, incapaces de tomar las riendas de nuestro destino porque es mejor que nos lo resuelva otro, que saquemos algunas migajas de la mesa de los ricos, mientras en los bares y mentideros nos cagamos en la puta madre de todo dios. ¿Por qué?, porque también el año que viene podremos salir con un estandarte, unas velas o unas medallas tras cualquier talla barroca de las que adornan nuestra mentalidad.

Poner en orden la vida comunitaria no será fácil ni simple. Pero si dejamos que siga siendo el capital quien valore nuestras viviendas vacías mientras haya familias honestas y pobres sin techo, nuestra vida no será fácil ni simple ni honesta. Ni vida.

Quienes han apoyado y aún continúan apoyando al Partido Popular o al PSOE con sus votos, únicos responsables de todo cuanto ocurre en nuestra patria, aquellos que nos han vendido al mejor postor mediante acuerdos nocturnos, opacos, viles; todos aquellos trabajadores de entre los veinte millones que aúpan a formaciones políticas que ven en España una marca y en una vivienda su precio y su rentabilidad, no debemos considerarlos ni patriotas, ni conciudadanos sino harpías mientras no se preocupen en distinguir lo decente de lo indecente, es lo menos que se le puede pedir a alguien a quien tildamos de ser humano.

Las calles de las ciudades están desiertas bajo el calor del verano de 2013. Unos fueron, porque aún pueden, a las playas, los cruceros, a países exóticos o a montañas umbrías. Otros nos quedamos en nuestras casas, los que aún las tenemos. Unos y otros caminamos circunspectos, preocupados, o desesperados y hundidos. Y la patria por barrer. ¿Llenaremos un día las glorietas y avenidas por otra cosa que no sea la adquisición de un trofeo, la salida de un torero por la puerta grande o por la angosta el paso de una dolorosa? ¿Seremos alguna vez un país que le niegue el pan y la sal a reyes, dioses y amos? ¿Seremos algún día decentes? ¿Protagonistas de nuestras vidas?

Habrá quien tras leer esto diga que se trata de un libelo extremista. Ya. Pero sobre todo habrá quien calle. Quien cobardemente calle.

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