Clara Zetkin


Por ANA MORENO SORIANO

clarazetkinDebe ser por el poder evocador que tienen los nombres por lo que muchos militantes de la izquierda social y política han puesto a sus hijos el nombre de Pablo o de Ernesto; por lo que algunas madres feministas han llamado a sus hijas Olimpia o Virginia y por lo que muchas niñas nacidas en la década de los setenta se llaman Amanda, en recuerdo de Víctor Jara, o Julia, como la protagonista del poema de Luis Agustín Goytisolo. Más frecuente en la onomástica es el nombre de Clara, con reminiscencias de convento medieval y de antiguas tradiciones… Clara es sinónimo de transparente, como la protagonista de la novela de Isabel Allende La casa de los espíritus; Clara se llamaba una sanadora salmantina del siglo XVI de la que sólo ha trascendido su nombre por el testimonio del médico contemporáneo Andrés de Laguna; Clara Campoamor fue una de las defensoras más tenaces y entusiastas del voto femenino y Clara Zetkin fue una militante feminista y comunista que nació en Alemania, en el año mil ochocientos cincuenta y siete, y murió en la Unión Soviética, el veinte de junio de mil novecientos treinta y tres. Una de mis mejores amigas puso a su hija el nombre de Clara en recuerdo y homenaje a Clara Zetkin sin desdeñar, seguramente, lo que otras mujeres con el mismo nombre habían aportado a la lucha por la igualdad.

Cuando le pregunto a mi amiga por su hija Clara, salta de forma natural la alusión a Clara Zetkin, cuyo legado compartimos, y hace unos días, a propósito del retroceso que están sufriendo en España los derechos de las mujeres, constatábamos que, en el ochenta aniversario de su muerte, sus ideas sobre la doble explotación de género y de clase tienen plena vigencia; como, además, el pensamiento único ha hecho estragos también en la conciencia de las mujeres, nos decíamos que es necesario volver a la historia del pensamiento feminista para reconocernos y encontrarnos en la larga lucha por la igualdad, en la que Clara Zetkin es un referente imprescindible.

Quería ser profesora y completó sus estudios pero, desde muy joven, empezó a formar parte de las organizaciones políticas de la izquierda alemana; ingresó en el Partido Socialdemócrata Alemán donde compartió posiciones políticas con Rosa Luxemburgo. Igual que ella, se enfrentó a los parlamentarios socialdemócratas alemanes que apoyaron la Primera Guerra Mundial y ambas fueron fundadoras, junto a otros dirigentes como Karl Liebknecht y Franz Merhing, del Grupo Internacional que vio la luz en agosto de mil ochocientos noventa y nueve y que se convertiría, en enero de mil novecientos dieciséis, en la Liga Espartaquista; formó parte del Partido Comunista de Alemania desde su creación, en enero de mil novecientos diecinueve, y fue una activa dirigente de la Internacional Comunista y representante de la clase obrera en el Parlamento Alemán desde el año mil novecientos veinte hasta mil novecientos treinta y dos; en mil novecientos treinta y tres, cuando Hitler alcanzó el poder, se exilió a la URSS donde permaneció hasta su muerte.

Clara Zetkin partía de la tesis –clave en la configuración del feminismo marxista- de que los intereses de las mujeres están en función de su pertenencia a las diferentes clases sociales y aunque pensaba que los problemas de las obreras eran causados por el sistema capitalista y la explotación económica, entendía que hay una explotación de género que sufren las mujeres, también las burguesas que no podían votar o disponer de su patrimonio; sabía ciertamente que las proletarias no tienen bienes que reivindicar, pero sí el derecho al voto que les daría fuerza para conseguir, junto a sus compañeros de clase, el poder político. Toda su vida está presidida por esta doble contradicción de género y de clase y así lo expresaba en el Movimiento Internacional Socialista de Mujeres, en la Internacional Socialista, en el periódico La Igualdad creado por ella en mil ochocientos noventa y uno y en la teoría y la praxis del Partido Comunista, discutiendo incluso con Lenin… Y es que la transparencia a la que alude su nombre no era precisamente invisibilidad sino más bien claridad: claridad en sus ideas y en sus objetivos; por eso nos sigue alumbrando después de tantos años.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s