El Área Provincial de la Mujer de IULV-CA en Jaén deplora el nuevo crimen machista ocurrido en nuestra provincia


Por Juana de Dios Peragón (*)

CLAMANDO AL CIELO EN VANO

El jueves 30 de mayo amanecíamos con otra horrorosa noticia: nuestra paisana de Alcalá la Real, Dolores, había sido asesinada por su pareja sentimental.

machismoRápidamente se organizó en los medios de comunicación y en los ámbitos institucionales la misma repetida ceremonia de las lamentaciones que este tipo de tragedias suscita: condenas rotundas por parte de cargos públicos, discursos de repulsa a cargo de políticas varias de todos los colores que se ven en la obligación de comparecer para dejar patente su rechazo a la violencia (puesto que todavía no contamos con una Aurora Dorada ¿qué político o política va a comparecer hoy por hoy para hacer un alegato de la violencia en general y de la machista en particular?) y reportajes en los medios de comunicación trufados de datos y estadísticas que vuelven a dejarnos-por enésima vez-perplejas e indignadas a las gentes de bien: cifras enclenques de mujeres que presentan denuncia por malos tratos, aunque detrás de las cifras de asesinadas se intuya que son muchísimas las que los sufren; porcentajes elevadísimos de adolescentes que se declaran encantadas de la vida de que sus novios sean celosos y/o dominantes y le marquen estrechamente su territorio vital, porque de ello deducen ellas que las quieren con locura; número proporcionalmente abultado de denuncias presentadas por mujeres y que son desestimadas o que desembocan en condenas ridículas para el agresor, lo cual disuade de denunciar incluso a las más aguerridas; número mínimo de denuncias interpuestas por mujeres y que resultaron ser falsas, pero que en ciertos medios se convierten en legendarias y se amplifican hasta que corre como la pólvora la opinión de que la denuncia es un arma de venganza que utilizan las mujeres despechadas contra el marido-pobrecito-desprevenido…

Y mientras todas y todos nos apresuramos a participar en la ceremonia de las lamentaciones que precede al entierro de la mujer asesinada por “su hombre”, el orden “natural” de las cosas sigue su curso, en la sociedad y en la vida política y sus leyes:

Los tribunales crean jurisprudencia para que la custodia compartida sea la norma en los procesos de divorcio, socavando así un poquito más el valor social de la madre y dejándola más desprotegida jurídicamente ante la tarea de mantener a los hijos y reclamarle al padre su colaboración económica; leyes como la que se prepara para modificar la actual sobre la interrupción voluntaria del embarazo vuelven a degradar la imagen de la mujer, dejándonos en la consideración de hembras de la especie, condenadas a parir bajo cualquier concepto e incapacitadas para gobernar nuestros propios órganos ni nuestros instintos primarios, aunque, eso sí, obligadas a hacernos cargo (preferentemente sin cargas para el Estado, es decir, sin servicios sociales, en la sanidad privada y en escuelas de pago) del fruto de nuestros pecados.

La prensa, la televisión, la radio, la publicidad y sus mil tentáculos nos atiborran el imaginario de mujeres que han declarado la guerra a su propia naturaleza: embutidas en una imposible talla 36, aupadas sobre tacones totalmente incompatibles con el movimiento y la vida en libertad, reducidas a ser meros escaparates de una carne martirizada en sesiones de depilación, cavitación, gimnasio, manicura… obligadas a dilapidar un enorme tiempo vital empleado absurdamente en un camino que en vez de conducirnos a la prometida autoestima y reconocimiento social nos hunde a la mayoría en la frustración, el lorazepan y el consumismo alienante.

La muerte de Dolores lo corrobora un vez más: parece que rasgarse las vestiduras al unísono cuando se produce un asesinato por violencia machista no da resultados, ni basta con clamar al cielo esperando que este devuelva como  una lluvia mansa nuestro clamor convertido en paz y amor sobre las cabezas de los asesinos y maltratadores.

Desgraciadamente, no suceden así las cosas: cesará la violencia hacia las mujeres cuando cesen las discriminaciones, las desiguales oportunidades y bajas expectativas;  cuando deje de darse por descontado que el trabajo doméstico, como el cuerpo “doméstico” de la mujer, es una ofrenda que graciosamente hizo la naturaleza al hombre y a la sociedad creada a su medida; cuando se establezcan leyes, medidas y pactos que prohíban la explotación de las mujeres y se creen las bases de unas condiciones de vida para que las mujeres accedamos por fin al estatuto de seres humanos de primera categoría, con el derecho y el deber de vivir primero para nosotras mismas y,  a partir de ahí, en beneficio de los demás y de la especie humana.

No será con lamentos ni sin luchar que se producirán estas condiciones, pero dejar de confiar en el cielo, en el tiempo que todo lo alisa o en un golpe de suerte, y asumir nuestra condición de explotadas para rebelarnos, organizadas, contra ella es un primer paso importante. Por las mujeres que ya han muerto, por las que sufren cada día, hagámoslo.

El cambio empieza hoy, aquí.

 

(*) Coordinadora del Área Provincial de la Mujer de IULV-CA en Jaén

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