Mayo, memoria y libertad


Por ANA MORENO SORIANO

15MUno de los más bellos romances de la Literatura española, el Romance del prisionero, empieza con el octosílabo “Que por mayo era por mayo” y muestra que la falta de libertad de la que se queja el protagonista, es aún más terrible en ese mes porque le priva de todas las bondades de la naturaleza: el sol que empieza a calentar la piel, el espectáculo de color que ofrecen los trigos y las flores del campo, el canto de la calandria y el ruiseñor y el amor esperando en cualquier recodo del camino… Sin duda, este mes de mayo no ha tenido el esplendor de la primavera de otros años; la lluvia y las bajas temperaturas han atemperado la eclosión de las flores y han mitigado los efectos del polen en miles de personas alérgicas a la flor del olivo; mientras unos miran al cielo con aprensión calculando los efectos de la climatología en la próxima cosecha y otros encuentran en la lluvia un respiro para sus bronquios y un alivio para su nariz y sus ojos, la ecología nos recuerda que la naturaleza es nuestra casa y debemos amarla y cuidarla porque, de lo contrario, no sólo se nos volverá en contra sino que habremos privado de recursos naturales a quienes vienen detrás de nosotros y quizás no puedan entender el Romance del prisionero porque no conozcan el significado del trigo o no hayan oído nunca el canto de un pájaro.

En mi infancia, el mes de mayo estaba asociado a procesiones y romerías: eran las cruces, la Virgen de Fátima, San Isidro… fiesta, verbena y campo que distraían por un tiempo a chicos y grandes. Después, supe que el día de San José Obrero era el Primero de Mayo gmoustakique conmemoraba la reivindicación y la lucha por la jornada laboral de ocho horas y que, en el año mil novecientos sesenta y ocho, los estudiantes en París protagonizaron una revolución que puso en jaque al gobierno del país vecino y que alimentó los sueños de mucha gente para cambiar el mundo. Bastantes años después, el día quince de mayo fue el elegido por miles de jóvenes indignados para tomar las calles y las plazas, para hacerse oír denunciando la crisis del sistema capitalista que les condena al paro y amenaza con hacer de ellos una generación perdida. Así, el mes de mayo se ha convertido en un mes de efemérides de movilizaciones y de lucha: la clase obrera, por la mejora de sus condiciones de trabajo; los estudiantes parisinos, contra la mediocridad y el aburguesamiento, por la igualdad de género y una mirada abierta al mundo; los jóvenes de la Puerta del Sol y de otros lugares, reivindicando democracia real y participativa, trabajo digno, salarios justos, servicios públicos… Y la lucha sigue, con la experiencia acumulada, tiñendo de rojo las reivindicaciones de género y de violeta la lucha por un empleo digno, insistiendo en que es necesario simultanear la revolución personal y la transformación social para que no queden asignaturas pendientes, estableciendo con la naturaleza una relación de urgente armonía y recordando las voces que nos unen en una estrategia común. Una de esas voces es la del poeta y cantautor Georges Moustaki que nos ha dejado el pasado veintitrés de mayo. Había nacido en Alejandría, también en el mes de mayo de hace setenta y nueve años, pero desde muy joven, se sintió atraído por la literatura y la canción francesa y se instaló en París a comienzos de los años cincuenta; conoció a los grandes artistas –Edith Piaf, Ives Montand, Barbara…- y de uno de ellos, Georges Brassens, tomó su nombre artístico. Las canciones de Georges Moustaki nos han acompañado durante años para reivindicar la paz recordando Hiroshima, conjurar la soledad, expresar el amor, luchar por la libertad y hacer de la tierra un jardín donde nadie se sienta extranjero. Lo vimos hace unos años, en el Teatro Cervantes de Linares, con su “gueule de metec”, cabellos blancos y ligeramente encorvado pero elegante y solemne como siempre, eterno juglar cantando a la vida; su canción “Danse” nos invita a bailar alrededor de la tierra para que una nueva primavera barra los inviernos: ése es su legado y nuestro mejor homenaje, aceptar su invitación. Porque el baile está abierto y es el mes de mayo.

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