La generosidad es a la política lo que la caridad a la justicia


solidaridadLos españoles y las españolas hemos entrado desde hace ya demasiado tiempo en una fase de desmoralización que raya en la desesperación de los que un día fueron el proletariado. Este desgaste acelerado día a día por la situación laboral precaria, el aumento insostenible del paro y del paro de larguísima duración, el decrecimiento poblacional, la emigración en aumento, la constatación de que derrochamos, como si de una sangría se tratara,  el talento de tanta gente bien preparada que no encuentra presente ni futuro, el aumento de la desigualdad económica, social, educativa, sanitaria y jurídica; el crecimiento de la pobreza extrema, la caída en picado de los derechos de la mujer, frente al sueldo, el trabajo, el aborto; el renacimiento de los valores morales y la dogmática trasnochada de la Iglesia soportado a base de imposiciones de la ley; exige de la izquierda de la que formamos parte esfuerzos inmediatos e inequívocos que devuelvan la esperanza a millones de personas antes de que ocurra una desgracia social de consecuencias imprevisibles. No me refiero ya a las consecuencias de una revolución social para la que no veo que tengamos fuerza, sino a la rendición incondicional de un pueblo humillado y expoliado económica, democrática, judicial y socialmente. Arrodillado ante la banca, el gran capital, la corrupción política y financiera y la iglesia. Arrodillado y vencido.

He leído lo que yo considero un artículo tendencioso de Nacho Álvarez en Eldiario.es: Izquierda Unida, ¿parte de la solución o parte del problema? Lo califico de tendencioso porque personalmente no puedo dar crédito a la disyuntiva del título y porque, en el mejor de los casos, parece un discurso destinado a animar a nuestra formación socio política a adoptar una postura generosa de la que se duda. Sin embargo, pese a mi parecer personal, mucho me temo que realmente una importantísima parte de los españoles y españolas, desesperanzados con más motivos que nunca para estarlo, hagan suya, preocupantemente, esta duda.

Por esto creo que debemos hacer un esfuerzo inmediato e inequívoco, lo cual dista mucho de plantear hoy mismo un programa exhaustivo de gobierno o una especie de toma de posición mesiánica: venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados… No se trata por supuesto de esto. Soy un militante activo y conozco las grandezas y miserias del movimiento político y social al que me afilié sin dudar de ellas, esperando, como parece que todo indica, que el sentido común, la lealtad a ideologías de izquierda real y a un proyecto de sociedad republicana, federal y justo, imperarían. Evidentemente nadie está en condiciones de exigir la pureza ni la infalibilidad a nuestra organización, sin embargo se espera de nosotros un comportamiento ejemplar en que confiar. Sí, esa palabra tan manoseada y ultrajada por los poderosos y el capital, pero tan disociada de una población descreída y abandonada a su suerte.

Izquierda Unida debe continuar denunciando alto y claro, a pesar del sistema de desinformación periodístico y resolviendo con decisión y autenticidad nuestras propias contradicciones, a quienes se constituyen en enemigos claros de los auténticos intereses generales del pueblo español y al mismo tiempo expresar su compañía con la expresión de participación ciudadana a través de otros partidos de izquierda minoritarios, como aún lo somos nosotros mismos en afiliación, y el camino inequívoco que los movimientos sociales marcan para profundizar en un nuevo constitucionalismo, el federalismo, la inclusión, la representatividad, la participación a todos los niveles, el republicanismo, la transparencia auténtica, el servicio desde lo público y para lo público, el laicismo, el feminismo, la pluralidad y la democracia real, para que estos sean nuestros principios irrenunciables y expresos.

La sociedad nos pide que seamos alguien en quien confiar con garantías de que no sólo seremos, junto a otros, agentes que pondrán un proceso esperanzador y duro en marcha, sino de que se gestionará con un gran acuerdo de iguales, con honestidad y empeño en los que pueda caber el error, pero no la duda. El pueblo español está aprendiendo a no olvidar, pero no sabe sufrir ni puede pasar la fase de desesperanza de un duelo cuando sus esfuerzos son injustos y baldíos, como estos que nos imponen el bipartidismo y la Troika, sin embargo ha demostrado a lo largo de su historia que sabe vencer cualquier obstáculo si los objetivos valen la pena.

No. En respuesta a Nacho Álvarez, la generosidad es a la política lo que la caridad a la justicia. No se trata de ser generosos, sino de ser decididamente solidarios con quienes creen en la democracia real.

Manuel Bermúdez.

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