La LOMCE: reforma educativa elitista y segregadora


Fuente: Juventud Comunista de Andalucía. Autora: Violeta Garrido (*)

lomceEn resumidas cuentas, supondría una brutal elitización del sistema educativo, materializándose en la segregación del alumnado, la dificultad para acceder a cursos superiores y en el descenso del nivel.

La reforma se sustenta sobre el postulado principal de que lo importante no es cuánto se invierte en la educación (en España menos del 3% del PIB), sino los resultados que ofrezca. Detrás de este argumento vacío se esconde la voluntad de recortar aún más la inversión -que ya se ha recortado este curso en más de 3.200 millones de euros-, lo que supondría aún peores condiciones en el desarrollo del aprendizaje de las que sufrimos ya. Además, con la excusa de acabar con el fracaso escolar, se pretende simplificar el 4º de la ESO de forma que sólo ofrezca dos vías: a bachillerato o a FP y no el tradicional y también ciertamente prematuro ciencias/letras. De esta manera, se excluirá a miles de estudiantes, se eliminarán muchas asignaturas y la tan cacareada igualdad de oportunidades será golpeada duramente.

Sin embargo, la gravedad de la reforma no termina ahí. Estas modificaciones no hacen más que fomentar el acceso al mercado laboral muy tempranamente (a los 15 años, un año antes que hasta ahora) y facilitar el empleo precario e inseguro, puesto que la FP también se devalúa con la implantación de la FP dual -que hará de la Formación Profesional una fábrica de mano de obra barata que trabajará para las empresas prácticamente gratis en un intento de acercarse a países de la Unión Europea, los mismos que alientan los minijobs-. Por otra parte, la especialización de los centros según ámbitos funcional, curricular o por tipología de alumnado (y su financiación según los resultados), acompañado de la introducción de reválidas desde los 8 años, hace de la educación una carrera de obstáculos que no ayuda a atajar los verdaderos problemas sino que excluye del sistema a los elementos menos rentables. Paradójicamente, el documento de la LOMCE está plagado de alabanzas a los sistemas de los países de tradición socialdemócrata como Finlandia. No obstante, se trata de una falacia, ya que dichos países realizan lo contrario a lo que pretende la reforma: allí se invierte mucho más y en absoluto de realizan exámenes globales a tan corta edad. Como dato, es interesante añadir que estos centros de “primera y segunda clase” podrán agruparse en listas y será totalmente lícito publicarlas para que cualquiera acceda a esa información. Es decir, conlleva la separación por clases en una brecha aún más amplia; se crearán zonas y centros ghetto presumiblemente en los barrios obreros.

Las asignaturas son el otro contrapeso que la reforma utiliza para dejar al sistema público de educación como un mero agente de beneficencia. La LOMCE supondrá la supresión de muchas asignaturas (las artísticas y las que fomentan el pensamiento crítico, principalmente) mediante un sistema que las clasifica en troncales, específicas y de libre configuración autonómica. Ejemplo de ello serán Música, Plástica, Cultura Clásica o incluso Filosofía -que pasa a ser optativa y puede no darse, ya que son los centros los que deciden su oferta-. Esto entraña otro problema para los profesores que impartan esas asignaturas, pudiendo ser esto motivo de despido.

El ejercicio de la democracia dentro de las instituciones educativas se volverá imposible. El Consejo Escolar pierde su función decisoria y el director asumirá un poder desmesurado del que no deberá rendir cuentas a la comunidad educativa, en el caso de que no lo nombre la administración como un mero gestor. Asimismo, el director podrá contratar a personal no funcionario o que haya trabajado en “proyectos de calidad” (eufemismo para referirse de lleno proyectos empresariales, es decir, una muestra de la mercantilización de la enseñanza).

En cuanto a la Prueba de Acceso a la Universidad, ésta será eliminada para dejar paso a los exámenes en cada universidad sin intervención alguna por parte de la Administración -como ya sucede en EEUU, país donde por cierto la burbuja de los créditos a estudiantes es la segunda más grande-, asemejándose a la firma de un contrato laboral mediante el cual sólo serán aceptados aquellos que tengan probablemente recursos suficientes y que ofrezcan rentabilidad en el futuro. Sin embargo, para poder cursar alguno de estos exámenes, será necesario, además del bachillerato, aprobar la reválida final. Con las desafortunadas declaraciones del ministro de educación en las que afirmaba que la selectividad era ya inservible porque la aprobaba todo el mundo, quedó demostrado que se trata de otra medida filtradora más.

Los grandes beneficiados con esta reforma serán, además de los empresarios capitalistas en espera de más trabajadores no cualificados e ignorantes a los que explotar en un empleo precario, la Iglesia Católica y sus instituciones educativas privadas y concertadas. Fueron los únicos que opinaron sobre la elaboración de la ley y los que verán aumentados sus conciertos (de 4 a 6 años). La LOMCE permitirá que no tengan por qué ofrecerse plazas públicas en todas las localidades y cuyos criterios de admisión serán idénticos a los de los centros públicos. Para forzar al alumnado a inscribirse en masa en la materia de religión, ya ofertada en todos y cada uno de los centros públicos a pesar de la aconfesionalidad del Estado, y que no deja de ser el altavoz de la retrógrada y opresiva moral católica, se establecerá que la optativa a ésta sea una asignatura evaluable con exámenes, trabajos y calificaciones (actualmente se trata simplemente de una hora dedicada al estudio).

Todo ello sin contar que dicha ley ampara la privatización de cursos básicos como el bachillerato, la FP, las escuelas de arte, los centros de educación especial y, por supuesto y como ya estamos contemplando, la universidad y los posgrados, ya que sólo considera educación básica -y por tanto garantizada como derecho por el Estado- la primaria y la secundaria. También sufrirán las lenguas cooficiales, que se verán relegadas a un segundo plano en ese ilógico y reaccionario esfuerzo de “españolizar” la enseñanza, según palabras del propio ministro Wert.

En conclusión, la LOMCE es una reforma con un contenido de clase imposible de ignorar, que condenará a los hijos de la clase trabajadora a un futuro negro de explotación e ignorancia y cuyo único objetivo es la obtención de agentes competitivos al servicio la economía capitalista voraz y depredadora, lo cual entra dentro de la lógica de actuación de un capitalismo neoliberal en crisis ansioso por aumentar su tasa de ganancia a expensas de destrozar un derecho que ha costado tanto esfuerzo y tantas vidas conquistar. Igualmente, si ya estaba herida de muerte, con la LOMCE la verdadera finalidad de la educación: enseñar a pensar y construir personas libres, cultas, empoderadas y con unos valores de solidaridad y justicia social, desaparece por completo.

La Juventud Comunista no va a tolerar que la educación se convierta en el monopolio de unos pocos y que sea un derecho sólo para los que puedan pagarla. Contra la LOMCE, ¡organízate y lucha!

(*)Violeta Garrido es Responsable de Enseñanzas Medias de la Organización Sectorial de Estudiantes de la UJCE.

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