No hay capitalismo bueno, sólo hay mentirosos más o menos convincentes


mentirasEl posibilismo, junto a la inercia de lo acostumbrado, son los mayores males que aquejan a nuestros gobernantes. Cuando analizamos el comportamiento de los dos grandes partidos , PSOE y PP, observamos una lógica común, un discurso de los hechos consumados común, que la gente, popularmente, ha traducido en una frase escatológica y ejemplarmente significativa: PSOE y PP, la misma mierda es.

En tiempos difíciles es cuando se mide en toda su extensión la capacidad de un gobierno y una oposición, porque cuando vienen bien dadas es fácil ser efectista y hacer creer que todo es posible, cuando en realidad lo que subyace es sencillamente el hecho de tirar de la caja, las tarjetas y los créditos para hacer mucho de lo mismo, nuevo, espléndido a ser posible y así cegar las conciencias ciudadanas. Si a esto le sumas las dádivas que los propios gobiernos conceden a los suyos, a sus clientes de urna, para que se sumen a la pléyade de estómagos agradecidos que pueden gestionar las novedades pagadas con el dinero de todos, vendidas como si de auténticas necesidades humanas cubiertas se tratara, mejor que mejor. Anestesiados por la abundancia: gimnasios, piscinas cubiertas, complejos culturales, aeropuertos, puertos deportivos, etc. si es posible en cada barrio, en cada pueblo, en todas las ciudades, mejor.  Nos tratan como a ciudadanos de primera y si somos de los elegidos porque los votamos ciegamente, pasamos a ser de la élite.

Sin embargo cuando de lo que se trata es de gobernar sin recursos, lo primero es tener contentos a quienes ahora no nos lo facilitan, para que pasado el trago, vuelvan a hacerlo. Esta es la lógica del poder que nos esclaviza en estos momentos. Ahora nos quejamos, porque vienen mal dadas, incluso aquellos que no fallaban en las urnas, al no recibir el pago esperado se lo piensan. Un bolsillo vacio, incluso uno no tan lleno como de costumbre, condiciona mucho el pensamiento y las vísceras, se vuelve vengativo y lo que es peor: se siente libre. Es rigurosamente mentira eso de la libertad, sólo está preñado de ira y desprecio, pero en nombre de la libertad, disiente.

En cuanto a los gobernantes, su pragmatismo y posibilitismo al que se han acostumbrado, hablo especialmente de aquellos que se autoproclaman de izquierdas, se sumen en la confusión y comienzan a torpear, cuando no desaparecen de la escena, como en tantos casos está sucediendo en comunidades, ayuntamientos e incluso en el parlamento, donde la oposición, lastrada por su propio pasado, brilla por su ausencia, por más que los medios de comunicación subrayen cualquier estupidez que se les venga a la boca, porque también para los medios informativos vendidos a las empresas, bancos y sus propios intereses comerciales, el parlamento sigue siendo cosa de dos, por más que uno destruya y el otro no sepa qué hacer ni decir.

Alguna gente sigue preguntándose qué es eso del pensamiento único. Es sinónimo del posibilitismo. O sea: esto o aquello es lo que Merkel y los bancos me dicen que es lo que se puede hacer sin romper el sistema que impera, pues eso es lo que hago, aunque sólo obedezca a los intereses privados de un gobierno que se la juega en las próximas elecciones de su país, que no es el nuestro, o a las ansias por poseer más y más dinero y recursos por parte de empresas, multinacionales, corporaciones internacionales, banca privada y jugadores de bolsa. Este es el terreno de juego, estas son nuestras normas. Siempre que juguéis en nuestro terreno y con nuestras normas, no saquéis los pies del plato y sigáis nuestros intereses y consejos, tendréis si no ahora, más adelante, nuestro beneplácito.

Pero las necesidades reales de la gente no son esas. Ni se le parecen. Por eso desde la izquierda, contestona y a contracorriente del pensamiento único surgen medidas distintas, otras políticas que cogen con el pié cambiado a la inmensa mayoría, no sólo de políticos, sino también del propio pueblo acostumbrado a lo de siempre. Entonces surge el vértigo y todo lo conocido parece estar en peligro, como si ya no lo estuviese o incluso una gran parte no se hubiera perdido absolutamente.

Se trata de analizar la realidad y buscar, con sentido común y valentía una alternativa a lo que se acostumbra a hacer. Cambiar los esquemas y donde alguien mandó, que ahora no lo haga. Donde los intereses fueron los de unos pocos, ahora primen los de otros muchos. Dar la vuelta a la tortilla, en el sentido de poner en el centro de las necesidades a las personas normales y corrientes y al servicio de las mismas todo lo demás: el gobierno, la política, la economía, los ahorros, la forma de administrarlos.

La fuerza de la costumbre nos asusta. Como hace años nuestros mayores aconsejaban con autoritarismo: no te signifiques, no te señales. Ahora son muchos quienes nos pretenden obligar a no sacar los pies del plato. Mejor dejar que las cosas sigan su curso, que esto son ciclos y se arreglará, tarde o temprano.

Lo que pasa es que los ciclos del capitalismo están muy estudiados, y, créanme, no porque yo lo diga, sino porque son muchos hombres y mujeres sabias los que lo avalan. Esto tiene un límite y ya está aquí. Es el sálvese quien pueda, como de hecho está ocurriendo ya con 6.202.700 personas sin trabajo, de ellas 1.000.000 de jóvenes y 2.000.000 sin ingresos de ningún tipo.

La respuesta sencillamente es o un cambio radical de la política y la organización social o la revolución por la injusticia y el hambre. O las dos cosas. No hay capitalismo bueno, sólo hay mentirosos más o menos convincentes.

Manuel Bermúdez. 
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