Todo exilio conduce al regreso.


“El Exilio” de Antonio Ciseri. 1870. Museo Civico do Belli Arti, Lugano.

“El Exilio” de Antonio Ciseri. 1870. Museo Civico do Belli Arti, Lugano.

Hojeo viejas fotografías relativas a la memoria histórica. Hombres, mujeres, niños, ancianos. Sus rostros vencidos por el agotamiento y el sufrimiento pasado hasta el mismo momento de cruzar la frontera. Sus vidas vencidas por el horror de la guerra, descompuestas, desestructuradas se dice hoy, carentes de presente y futuro, entrando como si en un agujero negro se convirtiera la tierra valdía. La valla que esquematiza, inerte e inclinada en un ángulo de 45 grados, el término de lo conocido da lugar a un espacio vacío e inhóspito, elhorizonte de sucesos, singular expresión bellísima y aterradora, que succiona la materia y el tiempo hasta su desaparición en la nada.Viene inadvertidamente a mi conciencia un instante desconocido, intuido, el del  anciano y sabio, de triste ceño, cubierto por el polvo sus viejos zapatos mal atados. Apoyada en su brazo la mano de la madre que camina como arrastrándose. Contenida toda una vida de sabiduría y belleza en una pequeña maleta que sólo guarda cosas. La anciana pregunta a su hijo: ¿Llegaremos pronto a Sevilla?cuando están a las puertas de Colliure.

Ahora miro el cuadro de Antonio Ciseri: El exilio. Detén la lectura un instante y adéntrate en la escena. ¿Qué existe tras ese horizonte de sucesos que se ejemplifica en el exilio? La nada cobra sentido y se insinúa concebible por fin. Tras haberlo perdido todo, incluso la esperanza, solo la nada. El tiempo y el espacio han desaparecido dejando para su existencia sólo las moléculas de la masa que nuestro cuerpo no puede esconder.

Más, nada.

Pero ¿qué ocurre cuando todo aquello por lo que luchas y vives se pervierte, se vicia y perturba de modo que nada es reconocible y todo es obsceno? ¿no es una sensación ingrata y viva, una suerte de exilio tenaz que comprime y asfixia? Puedes imaginarte en la más absoluta soledad, extenuado, en el centro de una enorme sala blanca y amplia, sólo amueblada por un tríptico. Oyendo tus propios pasos amplificados en el vacío te desplazas y accionas la apertura, primero abres la hoja de la izquierda y después la de la derecha y te enfrentas al jardín de las delicias. 

Cuando desconoces el lugar al que llegas ¿hacia dónde ir? los puntos cardinales se convierten en faros ante los que no vislumbras el tipo de peligros que acechan. La comprensión se limita a resolver el enigma del porqué de lo ocurrido, tu responsabilidad en la parte alícuota. Ante la desesperanza sólo se concibe la vuelta a la lucha, la seguridad de la injusticia a la que fuiste sometido, pero tras un descanso del que no atreves a pronosticar su extensión, ni su desarrollo.

Te vuelves un ejército diezmado, disgregado, asustado y ansioso por acumular efectivos y partir de nuevo, conocidos los errores y los accidentes del terreno, a la carga. De ahí la mirada perdida del que abatido, cuyo calzado desgastado da muestras de las dificultades de toda una vida de trabajo, se sobrevive. Todo se resuelve en volver. Regresar para rebelarse del hastío y recuperar el sentido es la consigna de aquel al que todo un sistema ha excluído, casi hasta vaciarlo.

Manuel Bermúdez

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