Crónica de una República anunciada.


republicaAyer domingo 14 de abril celebramos la conmemoración de la II República en un acto sencillo y participativo, en el que, sobre todo, resaltamos la necesidad de recuperar, como forma de estado, la III República Federal Española, gobernada mediante un sistema democrático participativo, que supere las contradicciones irrespirables a las que nos ha abocado el agotamiento de una Constitución sujetada por la monarquía impuesta por el régimen fascista de Franco y los privilegios que el poder de facto dejó atado y bien atado.

Durante treinta y cinco años la Constitución de la transición, amparada por la monarquía, el bipartidismo y la única reforma realizada por los dos partidos alternantes en el poder, ha añadido más dolor y sufrimiento al pueblo soberano, alejándolo de cualquier tipo de participación ciudadana, no admitiendo a trámite las iniciativas legislativas populares o desvirtuándolas, negando las comisiones de investigación o haciéndolas fracasar por uno u otro partido alternantes en el poder, según sus intereses particulares; y finalmente ha consagrado la imposibilidad de endeudamiento necesaria para cualquier organización social, anteponiendo los intereses particulares de los acreedores nacionales y extranjeros a las necesidades reales del pueblo soberano, cuyo calificativo ha quedado como mero adjetivo decoroso, vacío de todo contenido, en el que los derechos elementales son tratados como auténticos objetivos declarativos sin capacidad de cumplimiento.

El comentario común entre los asistentes al humilde acto conmemorativo y combativo, impulsado por la asamblea local de IU de Torredelcampo, fue, sin lugar a dudas, la carga significativa que adquirió el acto al realizarse en la plaza de la localidad, a escasos diez metros del único templo católico local, en el que se celebraba, a la misma hora en que daba comienzo nuestra conmemoración, una misa de primeras comuniones a las que los asistentes accedían engalanados para la ocasión,  lo que suponía una cierta confusión, ya que el camino hasta el templo resultaba ser el mismo que el necesario para acceder al acto republicano. Junto al lugar desde el que personas de distinto sexo y edad dirigían espontáneamente breves intervenciones, hasta catorce, sobre los logros de la II República y la necesidad de alcanzar la III, se halla el ayuntamiento de la localidad, adornado con las banderas oficiales, que contrastaban con las de la República Española y la del P.C.E. El acto recordó además la necesidad de la separación Iglesia-Estado y el laicismo como necesidad de desarrollo de la política, la educación y la sanidad de las distintas administraciones.

Incorporó el recuerdo necesario a las víctimas olvidadas en cunetas, tapias de cementerios y lugares alejados de las poblaciones de todas aquellas personas que entregaron, de una u otra forma, su vida por la República, más allá de su orientación partidista, así como al resto de innumerables depuraciones laborales y muertes sumarísimas efectuadas durante los cuarenta años de dictadura fascista del régimen militar, amparado por las élites económicas y eclesiásticas.

Los jóvenes participantes resaltaron la necesidad de que su voluntad, que no fue tenida en cuenta por los años transcurridos a la hora de validar la constitución del 78, debe ser ahora facilitadora de un cambio político e institucional que supere el marco y el inmovilismo que sufrimos gracias a una constitución inútil y trasnochada y un sistema corrupto y funcionalmente excluyente de la participación mínima que el pueblo requiere de las instituciones democráticas.

Un lanzamiento de cohetes, intercalado con las campanadas que avisaban a misa de 12 aumentó la expectación de los vecinos. Al final de cada intervención, una andanada de cohetes subrayaba el mensaje enviado por los asistentes al acto, así durante catorce veces consecutivas, al término de las cuales dimos por finalizado el acto tras la aclamación de un ¡Viva la III República Federal Socialista Española!

Dos señoras de edad pasaban a la vuelta de la misa y una preguntó a la otra ¿de qué se trata esto? A lo que su compañera contestó: esto es por las primeras comuniones. La primera volvió a hablar, sobresaltada, ¿pero no ves esas banderas? A lo que su amiga contestó urgida: ¡vámonos!…  Pero volvieron y se quedaron distraídamente en los alrededores del acto, como un numeroso grupo de personas que al advertir el tono y los mensajes lanzados por los participantes, aumentaron hasta triplicar el número de asistentes, el corrillo alrededor del acto, incorporándose con sus aplausos y vivas al acto abierto que, Izquierda Unida, con sus independientes, miembros de las Juventudes Comunistas y del P.C.E. habíamos conseguido realizar, por vez primera en nuestra localidad, abierto a la participación sin exclusiones de ningún tipo y con evidente carácter festivo.

Torredelcampo, de este modo, se sumó al resto de actos conmemorativos que vivimos en el día de ayer en todos los lugares de España, como muestra del hartazgo social y político al que la mayoría del pueblo se halla sometido, por un gobierno que ya no goza, en absoluto, de la mayoría que lo encumbró hace solamente año y medio, apoyado en la banca nacional e internacional y la Troica occidental, abiertamente corrupto como la institución monárquica que ejerce actualmente la Jefatura del Estado, cuyo comportamiento en absoluto ejemplar, muestra a los españoles la necesidad perentoria de acceder a la menor brevedad posible a un renovado sistema democrático participativo, dentro de un marco republicano federal.

Lo antes posible incorporaremos a esta crónica el testimonio gráfico correspondiente así como una filmación completa del acto.

Aprovechamos la ocasión para agradecer a quienes participaron,  la adhesión espontánea al recuerdo y deseo de establecimiento de la República, torrecampeños/as y de otros lugares de la provincia que se sumaron. Animamos, a que en actos sucesivos, bien del mismo signo o ya de abierta celebración por haber conseguido nuestros objetivos, lo haga un número mayor, incorporándose miembros de las autoridades locales que en esta ocasión no quisieron hacer su aparición y de otros grupos políticos y sociales representativos de la comunidad ciudadana que también brillaron por su ausencia, cuyo futuro, indefectiblemente estará unido al nuestro y el de todos/as aquellos/as que desee mejorar el sistema político y social que hoy se derrumba a nuestro alrededor, para alcanzar cotas de plena participación ciudadana, emancipada de tutelas trasnochadas, para convertirnos en un pueblo libre, responsable y ético como aquel que soñaron grandes hombres y mujeres que nos antecedieron, desconocidos o reconocidos, instalados en nuestros corazones por su entrega personal. Hombres y mujeres, en el buen sentido de la palabra buenos y buenas como Antonio Machado, Clara Campoamor, Ana María Matute, Miguel Hernández o Pablo Casals, incansables deseantes de la reparación y de la construcción de una patria libre.

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