¡¡Alarma!! ¡¡Alarma!! ¡¡Argumentos!!


AlarmaSiempre me han gustado las pelis de guerra, las de ahora por su hiperrealismo en las que el director se ocupa de que te sitúes en mitad de la refriega. Las de antes, la mayoría en blanco y negro, por su romanticismo, a pesar de que en la mayoría no cabía ni un solo personaje femenino.  De todas recuerdo algo que ha dejado de ser inusitado: el grito de ¡¡alarma!!

Cuando llegaban los indios, cuando el infiltrado se hacía visible, cuando el submarino era atacado… ¡¡Alarma!! Ese grito era al desastre lo que al suspense el susurro del  “ya estamos aquí…”. El cuerpo se tensaba y si estabas adormilado, desde luego, despertabas. ¿Qué hacía que nuestra respuesta fuera así? La certeza de lo inusual, la amenaza sorpresiva.

En nuestro mundo, piénsenlo, ya el grito de alarma no nos alarma. Desde hace años oímos – cada día del año – que hay alarma por viento, por lluvia, por sequía, por sol, por nubes, por nieve, por pedrisco, por marejadilla, marejada, fuerte oleaje, mar de fondo. Pero además le añaden colores y cuando no es rojo, es naranja o amarillo. Todo esto unido a la que nos está cayendo por otros motivos ya conocidos nos tiene en permanente estado de shock, tensos como la cuerda de un violín. Después se asombran algunos de los aumentos de enfermedades mentales, depresiones, estados de ansiedad.

Hoy podemos leer en las portadas de los periódicos que el gobierno se alarma por la imputación de S.A.R. Doña Cristina de Borbón y Grecia, pronto conocida como la ciudadana Cristina de Borbón y Grecia. Que la Casa Real se alarma por el mismo motivo, pero confía en el buen hacer de la acusación del pueblo y el estado: el Fiscal Procorrucción. Se alarma el Parlamento de aquí y de allá. Se alarman los rotativos del mundo conocido y las revistas del corazón.

¿Qué nos ocurre?

Vivimos alarmados por el tiempo bueno o malo, por los vaivenes de la bolsa y de la prima de riesgo, por las subidas de impuesto y los recortes sociales. Nos alarma, no sin razón, constatar – esto sí que es constatable – que nuestro presidente es catódico o pixeliano, que es mudito y amnésico y a pesar de todo gobierna. Nos alarma la corrupción que todo lo invade y transmite su enfermedad en los corrillos de la plaza de los pueblos, las cafeterías, las peluquerías, mientras, menos mal, en los burdeles y puestos de trabajo se está a otra cosa, porque si te mueves no sales en la foto.

Ayer leí completito el auto de imputación de mi recién nombrado nuevo dios Lar, el juez Castro. Oye, y lo entendí completo y no me alarmé, porque estaba argumentado, eso que hoy es tan extraño de explicar. Podía haber dicho: te imputo porque te imputo, como aquel dijo esto es una foto y una foto es… una foto. Pero no, Don José Castro ¡argumentaba! ¿De dónde pues la Alarma?

Lo alarmante es que se produzca la alarma, pero a mí ya me coge acostumbrado, cuando no es el tiempo es el mar, cuando no la arena del desierto, otras veces la cúpula del PP y el gobierno, que según Mariloli son la misma cosa, ante la alarmada mirada de Soraya. O es Bárcenas, o un Consejero del PSOE, o un indulto, o Cifuentes. Yo ya no me alarmo por nada, pero sé añadir dioses a mis Lares por hacer lo que deben, un trabajo concienzudo y como dios manda.

Manuel Bermúdez

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