Renuncia a la concejalía y portavocía de IU de Manuel Pegalajar en Torredelcampo


Manuel PegalajarManuel Pegalajar debe abandonar la concejalía y la portavocía del grupo de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Torredelcampo, después de 18 años de trabajo y dedicación a la política y gestión local. Esto supone una gran pérdida para nuestro grupo político, pero asumimos que las funciones públicas no son eternas. La disposición personal para afrontar otros retos públicos o privados son garantía de renovación y una manera de recordar que la política está para servir y no para ser servidos.

Manuel se marcha a la Delegación Territorial de Fomento y Vivienda, Turismo y Comercio en Jaén.

Todos los portavoces de los diversos partidos mostraron su agradecimiento y cercanía personal por la trayectoria política y humana de nuestro compañero. Estas fueron sus palabras de despedida:

Manuel Pegalajar Puerta, concejal de Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria Por Andalucía (IULV-CA) del Ayuntamiento de Torredelcampo, por medio del presente escrito y de acuerdo con lo establecido en el art. 9.4 del Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales, presenta la renuncia a su condición de concejal por la imposibilidad de desarrollar, con la debida dedicación, las obligaciones derivadas del cargo.

Han sido casi 18 años –con un parón de 4 para respetar los Estatutos de Izquierda Unida- los dedicados al digno cargo de concejal.

Creo que la política municipal, la política de tu pueblo no es la hija menor de la vida pública, sino aquella actividad que mira directamente a los ojos de la gente y que intenta actuar sobre el entorno físico y natural en el que vives. La política no es sólo el manejo de los conceptos macroeconómicos o el estudio despersonalizado de leyes, reglamentos y decretos que suelen anteponer –mucho más aún en los “extraños” tiempos en los que nos movemos- intereses ajenos al bien común, a los de la mayoría social, sino que la política es, tiene que ser, también, la mejora de las condiciones que conforman la vida cotidiana de la gente.

Vivimos unos tiempos muy difíciles, yo diría que vomitivos. Estamos padeciendo un estado de excepción en el terreno económico, social y político. Rajoy y su Gobierno están incendiando este país, golpeando a los de abajo y a los de en medio, a la mayoría de la sociedad. Están acabando con el modelo de ayuntamientos que se diseñó en la transición. Un modelo que, efectivamente, se había quedado ya anquilosado, pero lo que se intenta instaurar ahora es algo parecido al modelo franquista; ayuntamientos sin autonomía alguna, dedicados a la gestión de los magros recursos que se les asignen, dejando para el sector privado aquellos servicios públicos que sean económicamente rentables.

A pesar de ello, o precisamente por ello, no son tiempos para ausentarse de la política, sino para dignificarla, para llevarla a cada casa, a cada ciudadano-a. Son tiempos para confundir la palabra política con rebeldía. Son tiempos en los que delegar la solución de la aguda, o incluso dramática situación social que padecemos, en eso que se denomina “clase política” sería un error mayúsculo; nunca, como en estos momentos, es más oportuna y necesaria la participación y la implicación de la sociedad en su conjunto en esta coyuntura que comúnmente se denomina crisis pero que, en realidad, no es otra cosa que una monumental estafa, cuyo objetivo y resultado último es el trasvase de recursos y de derechos de la mayoría social hacia los poderes económicos y financieros. Participación e implicación social para reivindicar, para exigir el Estado social y democrático de Derecho que enuncia el artículo uno de esta moribunda Constitución española de 1978.

No quiero despedirme sin agradecer la colaboración y la confianza que en todo este tiempo me han dispensado mis compañeros; gente de principios, de eso que antiguamente se llamaba “gente de ideas”. Esta gente de Izquierda Unida –los comunistas, como a veces se nos llama, en un intento de desprestigiarnos pero que, en realidad, nos honra-, esta gente es, realmente, de acero, a prueba de sacrificios y dificultades, dignos herederos de una casta que sufrió mil y una derrotas pero que nunca se rindió.

Finalmente, deseo acierto y buen trabajo a esta Corporación y, en especial, lógicamente, a mi compañero y camarada Miguel Ruiz y a la compañera Juana de Dios Peragón, que me sustituirá, pero en general a toda la Corporación, en la que, por otra parte, desde el punto de vista personal no he encontrado enemigos, sino sencillamente adversarios políticos, con quienes la relación no ha dejado de ser y, con seguridad seguirá siendo, respetuosa y cordial.

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