La curiosidad. La gran ignorada en los análisis de la pedagogía actual.


Ttedioal vez producto de mi propia curiosidad innata que entre otras cosas me llevó durante la niñez y adolescencia a leerme casi al completo aquel Larousse que nos regaló nuestro padre, continúo, erre que erre, dándole vueltas a esta nueva y desgraciada reforma de la enseñanza, que los super gobernantes nos imponen con el nombre de LOMCE.

Estamos rodeados no ya de una sociedad de la información, con seguridad, mal llamada así. Como estamos rodeados de políticos y especialistas pedagogos que, riéndole las gracias, tal cual  hacían los falsos profetas con sus reyes, al ministro del ramo de cada gobierno, ponen patas arriba el sistema educativo español, siempre para empeorarlo.

Es evidente que el sistema educativo reproduce el sistema productivo y ahora financiero. Como todo en nuestra democracia, trata de adecuarse a las necesidades del mercado. El nuevo tótem que todo lo justifica, al que están sujetas, más propiamente dicho, secuestrada nuestra ciudadanía.

Sin embargo existen, ya lo hemos comentado en otras ocasiones, metodologías que  nada tienen que ver con los sistemas de producción ni financieros a los que estamos sometidos. Sencillamente tratan de entregar las herramientas suficientes de conocimiento, comenzando por las herramientas para saber adquirirlo.

Todo hombre y mujer, en sus primeros pasos en esta vida es curioso por naturaleza, como aquel niño que fui. Unos más que otros, obviamente. ¿Qué pasaría si el profesorado estuviera preparado con el mayor rigor para aprovechar la fuerza de la curiosidad?

Lo último que un niño necesita es una sirena de fábrica que le indique el inicio y cambio de actividades. Largas horas de atención poco participativa en un aula que reproduce también el ambiente fabril de las cadenas de montaje. Trabajo tedioso de memorización extenuante o trabajo en casa adicional, como cuando un oficinista, un obrero, han de llevar trabajo al hogar para poder cumplir con los objetivos de producción o para conseguir un sobre sueldo que mitigue los bajos salarios. Lo último que un niño necesita es la acumulación de conocimientos incomprensibles en su utilidad porque no sienten la más mínima curiosidad por los mismos. Tengamos en cuenta que esto sucede no sólo en los adolescentes de la ESO, sino en la primaria también. Un niño que no comprende tal o cual asignatura no necesita el apoyo de un profesor que en vez de utilizar otra perspectiva, recurre a la repetición prolongada de los mismos incomprensibles que el habitual ya utilizó.

Antonio Machado decía: “Y en la aborrecida escuela, /raudas moscas divertidas,/ perseguidas/ por amor de lo que vuela/   —que todo es volar—, sonoras,/ rebotando en los cristales/ en los días otoñales…/ Moscas de todas las horas,/ de infancia y adolescencia,/de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia,/ que da en no creer en nada” Así se ve la vida en la escuela y ¿no viene de ahí un altísimo porcentaje de fracaso?

Hemos acumulado conocimiento, sin embargo ¿al servicio de qué lo ponemos? Al de la educación y la cultura me temo que no. Pretendemos construir obreros, técnicos, mandos intermedios o jefes y administradores. Al hacerlo también conseguimos que los propios profesores de nuestros hijos incorporen esta actitud y su aptitud sea tan limitada de miras. Para ahondar más en la herida, nuestros maestros son en la inmensa mayoría quienes no han podido acceder por su bajo rendimiento académico a otras carreras, dicho de otro modo: para hacer lo más importante en la vida, que es educar y formar a los futuros ciudadanos tenemos la peor profesionalidad que podemos tener.

Pero aún nos permitimos ir más allá confundiendo calidad con privacidad como si el profesorado, materia prima fundamental de la enseñanza, en lo privado, proviniera de una educación distinta de las que lo hacen los maestros procedentes de la universidad pública. Allá añadimos el último ingrediente negativo para la formación de ciudadanos libres y cultos: la ideología de quien mantiene en rigor esta forma de entender la educación, más el dogma y el catecismo que ahonda en nuestra culpabilidad original y el anti cientificismo.

Olvidando los sueños y con ellos la curiosidad que nos hace aprender para no olvidar nunca, fabricamos en serie hombres y mujeres vacuos. Por eso vivimos en una sociedad enloquecida y competitiva. Vivimos en una inmensa fábrica con departamento de ingeniería financiera de alto riesgo. Ese alto riesgo que algún día nos devorará hasta dejar nuestros huesos blancos en medio del desierto.

Manuel Bermúdez.

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