Un día para la mujer que conocemos y que no conocemos.


mujerSinceramente, soy absolutamente contrario a esto de los días internacionales de todo. Por que los cosifica. No deja de ser, una vez más, la forma que tiene el mundo occidental y capitalista de corromper todo aquello que toca. Hace de rey midas (qué asco de monarquía, siempre igual) que, según la leyenda, todo lo que toca lo convierte en oro. Me diréis que ya no es el patrón oro lo que marca el poder de las naciones. Cierto. Pero acumularse, se acumula. Lo saben hasta los hebreos.

Cuando se toman las grandes cuestiones humanas como moneda de comercio se cosifican, se minorizan, se banalizan. No es menos cierto que en este mundo en el que vivimos, las reglas son las que son, y en cierto modo nos ayudan a recordar, la mayor parte de la veces a golpe de tarjeta o lo que es peor, simbólicamente, asuntos verdaderamente trascendentales: el amor, el sufrimiento – Sida, cáncer, enfermedades raras – . De algún modo extraño, incluso la progresía y gran parte de la gente que milita en la izquierda no se sustrae de esta contradicción y, de algún modo también, hace que al menos un día se evidencie el hecho, el que sea, del que carecemos.

Por eso un día como el de hoy, en el que todos los poderes establecidos, partiendo de el más inútil de todos y tal vez el más corrupto: la ONU, al designarlo como el día de la Mujer, debe ayudarnos no tanto a recordar cuál es la situación del 67%, según algunas fuentes, de la población mundial: la femenina, como a reivindicar activamente la injusticia que supone.

Aquellas personas que tienen una especial sensibilidad para discernir sobre las injusticias, aunque no se sumen a los actos por pensar cosas como esta que ahora me ocupa o por cualesquiera otras consideraciones, admitirán que “el accidente” haber nacido mujer es a todas luces un estigma, como en su tiempo fue la lepra u otra desgracia sobrevenida. La mujer, por el hecho de serlo debe asumir roles que no elige, pero que le son exigidos mediante la fuerza y la coacción. En infinidad de países se les hace saber desde bien temprano que tienen prohibida la felicidad, aunque sea momentánea. Se las empareja, se las mutila, se les prohíbe el acceso a la cultura, se las vende muchas veces como mera carne. Incluso cuando resultan víctimas de abusos son decididamente, sin salida, culpables de no haberse defendido lo suficiente, nunca es suficiente, aunque hayan perdido las uñas, el pelo, les hayan roto los huesos, hayan sufrido la mayor de las vejaciones. Estados y poderes judiciales que asumen la legislación internacional y gastan una parte importante de su presupuesto en armamento nuclear, lo permiten y pasaran años, muchos años antes de que algo así de injusto se solucione.

En nuestro entorno más cercano el hecho de ser mujer incapacita para tener oportunidades de progreso personal, se sigue viendo mal que no sean ellas las que pierdan horas de trabajo para atender una enfermedad o la asistencia a un AMPA (con P de padres, ¡Ja!) Por el mismo trabajo la menor de las veces, porque lo común es que sea por un trabajo de la misma categoría pero de mayor calidad, se les paga menos salario y tienen menos derechos laborales. Ellas son cuidadoras, además de trabajadoras por cuenta ajena fuera y en casa. Continúan recibiendo el desprecio, la incomprensión, la soledad, los golpes y la muerte en forma de quemaduras insoportables, cuchilladas, batidas en cualquier lugar, de la mano de sus cachorros, como si de un ciervo se tratara, por su aguerrido, asqueroso cazador.

Lo peor de todo sin lugar a dudas es cúanto pierde la sociedad en esta locura de exclusión. Cuánto pierde el ordenamiento jurídico, cuánto el debate social y parlamentario, cuanto nuestro presente y futuro, sencillamente por no permitirse que su visión, su perspectiva vital tenga incidencia en la vida social, política y económica.

Estas personas que decimos tener esa especial sensibilidad, asistamos o no a los actos institucionales o asociativos, tenemos la obligación de sembrar cada día la semilla del valor de lo femenino. Elegir bien el foro es importante, por no ser mitineros ¿a qué dirigirnos a quienes ya están convencidos? Se trata de evidenciarlo ante aquellos que pareciendo personas no lo son aún. De cortar de raíz el mal chiste, el comportamiento, la costumbre de nuestros hijos e hijas. De ser rigurosamente intolerantes y además avergonzar hasta el tuétano a quien practica la misoginia.

Lorca fue sensible al universo femenino y supo, en el contexto de su época vital como pocos hombres, diseccionarlo, describirlo al detalle con todas sus contradicciones, pobrezas y grandezas. El hombre Federico García Lorca le prestó atención. Prestemos la atención que merecen nuestras compañeras, esposas, hijas, amigas, conocidas y desconocidas mujeres de aquí y de más allá. Hagamos los hombres también justicia, hombro con hombro. Lo necesitamos todos.

En honor a su dignidad un destello de palabras bien dispuestas. La belleza.

Manuel Bermúdez

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