Reforma laboral y desmantelamiento de servicios: ofensiva patriarcal


Fuente: Toni Morillas (*)

toñimolillasMucho se escribe estos días sobre el famoso techo de cristal, recurso metafórico que emula la brecha de género que impera en el acceso a espacios de poder públicos y privados. Muy especialmente en estos últimos, en los que no existe ninguna obligación legal que corrija el patriarcalismo dominante. Sin embargo, prefiero centrarme en aquello que escapa a las declaraciones institucionales y discursos complacientes que se escuchan en estos días, en las vísperas del Día internacional de la Mujer Trabajadora. El suelo pegajoso, el que pisan la mayoría de las mujeres normales y corrientes, a las que los programas de igualdad  no han resuelto las problemáticas que afrontan cada día.

El suelo pegajoso cada vez es más intransitable, y esto es por dos razones. Más bien dos líneas políticas enmarcadas en el desarrollo del neoliberalismo patriarcal en esta nueva fase, caracterizada por la crisis o la estafa, como guste. La política del desmantelamiento de los derechos laborales y la instauración de la desregulación y la precariedad como principales características del mercado de trabajo. La política del desmantelamiento y privatización de los servicios públicos esenciales para la vida.
La Reforma laboral aprobada por el PP en 2012 no solo no incorpora ninguna medida con la que pretenda romper la brecha salarial aún existente de hasta el 20% ni mecanismos que equiparen derechos tanto en el acceso como en la permanencia en el puesto de trabajo, ni tampoco frente a la feminización de los empleos peor pagados y menos cualificados. El mayor ataque que supone la reforma laboral a las mujeres, es precisamente el poder absoluto que la reforma establece para los empresarios, que ya pueden modificar de manera unilateral las condiciones laborales, los salarios, los turnos, la jornada, el puesto o lugar de trabajo. Esto ya era habitual, la diferencia es que ahora es ley. No es necesario ahondar en lo que esto implica en materia de conciliación de la vida, efectos, que sin duda no paliarán los mil cursos y campañitas institucionales de promoción de la conciliación y la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el trabajo doméstico y de cuidados.
La modificación del permiso de lactancia que solo podrán coger uno de los dos progenitores, en contra de las sentencias emitidas por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea o la eliminación de la bonificación por la reincorporación de aquellas mujeres que hubieran suspendido el contrato por maternidad, durante los dos años siguientes al permiso de maternidad, son algunos de los derechos reconocidos que se han quitado de un plumazo en la reforma laboral. La promoción del contrato a tiempo parcial y del nuevo tipo de contrato en “periodo de prueba” que instituye el despido libre y gratuito durante el primer año, afecta a los derechos del conjunto de la clase, pero muy especialmente a sus sectores más precarios, entre los que nos encontramos las mujeres. Estas medidas regresivas se legislaban con la promesa de que servirían para generar empleo, sin embargo se sigue destruyendo empleo y el empleo que se crea, es un empleo precario y sin derechos, en el que conciliar el trabajo con el resto de la vida es una quimera.
A este escenario laboral, añadimos el desmantelamiento de servicios públicos como la sanidad, la educación, la dependencia o los servicios de igualdad. La universalización y la prestación desde lo público de estos servicios respondía a la socialización de las tareas de cuidados, históricamente asumidas por las mujeres. Qué duda cabe que el desmantelamiento, la privatización y la consiguiente expulsión de las mayorías sociales del sistema, acabará recayendo sobre las espaldas de las mujeres.
Este es el suelo pegajoso, el que hay que enunciar cada día, cada 8 de marzo, porque celebrar el 8 de marzo, solo tiene sentido si nos sirve para señalar la realidad, señalar los retos y apuntar espacios organizativos de resistencia y desobediencia feminista. Aquellos que hacen declaraciones grandilocuentes en el 8 de Marzo y avalan y aplauden la reforma laboral y el desmantelamiento de servicios, se encuentran con una contradicción insalvable,que solo pueden salvar con grandes dosis de cinismo. Lo harán. 
(*) Miembro del Comité Central del PCA y del Consejo Político Federal de IU. Es coordinadora del Área provincial de la mujer de IULVCA en Málaga y responsable de área Interna del Consejo Municipal de IULVCA en Málaga. Nacida en Torredonjimeno, Jaén.
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