Ni negatividad ni utopía. Organización, cambio y lucha.


revolucionCreo personalmente que todo está a punto para una revolución social. Estoy convencido de ello. Motivos no faltan: el paro no deja de aumentar por mucho que lo asegure la ministra del sector, está perdida entre sus rezos porque así sea y por no tener que acudir a dar la cara a ninguna parte. Los EREs van en aumento y no va a mejorar el dato. La explicación es muy simple: ni se pueden bajar más los salarios ni la gente puede gastar lo poco que tiene. Se acumulan los stocks en las empresas, no se puede innovar porque no hay presupuesto.

Las ayudas a la banca no pararán. El sistema lo tiene claro y así lo hace saber al gobierno: Puede quebrar todo, menos la banca, aunque al final la banca no tenga otra cosa que hacer con el dinero que comérselo. Los particulares no tienen bienes que cubran como avales ningún préstamo. Las empresas están endeudadas hasta las cejas, eso es así desde antes de comenzar la crisis, porque ellas y los bancos han vivido por encima de sus posibilidades. No los ciudadanos.

El estado, esgrimiendo su doctrina capitalista seguirá adelgazando y ese adelgazamiento no sólo repercute en la sanidad, la asistencia social, el subsidio de desempleo, la educación, la administración… si no en derechos ciudadanos: seguirán los desahucios porque nuestras hipotecas son paquetes que hace tiempo se vendieron como inversiones seguras por todo el mundo financiero y global. No van a permitir que esos paquetes pierdan su valor, ya que eso supondría que serían los bancos los que valdrían aún menos. Eso si es negocio. No las hipotecas basura norteamericanas. Aquí pierdes la casa, la pierden los avalistas y aún así sigues pagando lo que queda de intereses y capital hasta el último céntimo de euro. Las manifestaciones son pecata minuta para el gobierno y sus dueños. Los movimientos sociales están bajo control. La policía, los antidisturbios fundamentalmente están convencidos de que su labor es acabar con los rojos, aunque se trate de cualquier color por marea. Todos somos rojos. Llevan símbolos franquistas en sus vehículos y su alma. Lo que esperábamos y conseguimos de los bomberos no sucederá con las élites policiales. Las multas y denuncias político-policiales no cejarán, sino que aumentarán con el tiempo en las manifas. Están crecidos porque saben cuánto miedo acumulamos.

A mi juicio deben ocurrir tres cosas para que el miedo cambie de bando y la revuelta sea definitiva:

Hay que terminar de asumir que no nos interesa vivir de nuevo como antes del estallido de la crisis. Tomar conciencia de que no se puede vivir continuamente tirando a la basura cosas con poco uso. Que consumir por consumir no es lo que necesitamos. Lo que necesitamos es vivir felizmente, cubrir nuestras necesidades y poco más. Redescubrir los valores de la amistad, y sustituir el de la competición por el de la cooperación.

Sacar el dinero de los bancos y buscar alternativas. Obligar a los proveedores de nuestros servicios a que cobren en ventanilla y a ser posible en sus oficinas o en las de correos.

Exigir a la izquierda real que se una en lo esencial y ya no olviden más a los ciudadanos como sujetos políticos, organizados y con voz propia: hay que ganar las elecciones con una mayoría tal, que cambios constitucionales o asambleas constituyentes se instalen y se cambie todo aquello que permite que los oligopolios políticos hagan nunca más su agosto. Estábamos acostumbrados a ver de la mano democracia y capitalismo. Ese sí es un maridaje antinatura, no el de personas del mismo sexo. Lo que necesitamos es una república democrática socialista.

No será fácil. Pero los más sinceros economistas prevén diez años más de crisis en España en el mejor de los casos. ¿No merece la pena perderlos en mejorar para siempre?

Podemos seguir mirando a Islandia con una cierta envidia o podemos ponernos manos a la obra. Pero no si antes no cambiamos nuestra forma de entender la Vida o nos volveremos a engañar y algún día perder, nuevamente, todo lo que tanta muerte, dolor y pobreza nos ha costado aprender.

Habrá quien me tache de negativo, pero sólo porque no les interesan mis convicciones. Quien piense que soy utópico, aquellos incapaces de organizarse y creer en si mismos. Yo creo que me lo debo a mí y se lo debo a mis hijos ¿Qué mejor trabajo puedo dejar hecho antes de irme de aquí para siempre? Me niego a dejar esto hecho unos zorros en manos de depredadores. Mi mundo, nuestro mundo se merece un trato mejor y está en nuestras manos realizarlo o regresar a la cueva y de ahí al canibalismo.

Manuel Bermúdez

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