Llega la hora de la Alternativa. Concretémosla.


eureuroVivimos inmersos en la movilización social de todos los colectivos cívicos y partidos de la izquierda transformadora, unidos por una misma razón: el empobrecimiento. Una misma convicción: el robo sistemático de lo público y el trasvase de las rentas del trabajo a las del capital, aquí y en Pequín (quién lo hubiera pensado), manteniendo viva la llama de la esperanza que aún nos permite soñar con despojar de todo su poder a los mercaderes y sus lacayos, los partidos mayoritarios que nos han gobernado durante tres lustros interminables, robándonos el presente y el futuro. Quienes mostraron a un pueblo, funcionalmente analfabeto, las mieles del estado del bienestar, para luego, mediante engaños, corrupción y descaro sin parangón, arrancarlo de cuajo, dejando en la inoperancia auténtica derechos, leyes y acuerdos internacionales. Obsoleta por suicidio la Constitución del 78, Ley de Leyes, los poderes de un estado controlado desde la City, Amberes, Berlín y Manhattan, y la corona símbolo de su propia pervivencia y la corrupción nacional.

Ya es hora de ir, al tiempo que ocupando los espacios públicos sin demora, mostrando las cartas de la nueva baraja. La nueva fórmula con la que conseguir el hormigón de calidad que fragüe cimientos incorruptibles. La concreción de las mil batallas que mareas, ciudadanos y políticos de otra clase, libres todos de sospechas, van acumulando, como se acumularon las barricadas de La Comuna, pero ahora con la historia aprendida. Dolorosamente aprendida, según la cual hemos de cambiar realmente para que todo cambie y quede entre nosotros establecido un nuevo orden republicano, ciudadano, participativo y auténticamente representativo del poder que reside en los ciudadanos. Del pueblo. Por el pueblo. Para el pueblo.

A esto llamamos los rojos y todos los colores de la gran marea cívica: la Alternativa. Cuando casi todas las palabras, lastradas por gargantas corruptas, mentirosas y traicioneras han perdido su valor, haciendo que más allá de la semántica seamos muchos más los pobres, tres de ellas mantienen incólume su significado profundo, antiguo y liberador: República, que nos garantiza, si la usamos como corresponde a semejante vocablo venerable, la Igualdad y el sometimiento a la ley de Todos. Rebelión, que indica hasta qué punto la mejor de las leyes debe cuestionarse siempre, desde la recta conciencia y apoyada en la alteridad de quienes más la necesitan, para su mejora continua. Y Alternativa, proposiciones que permiten romper el yugo del pensamiento único, el paternalismo del hacemos esto por el bien común, la tutela grandilocuente del manido interés general.

Izquierda Unida, parte de la izquierda real y transformadora de nuestra nación ya mostró una parte nada despreciable de sus cartas en el último programa electoral, consensuado mediante la llamada y atenta escucha de numerosísimos agentes sociales, ciudadanos, asociaciones de todo tipo, y tomando buena nota de su expresión de sincero cambio y necesidades. La inmensa mayoría de los españoles, entontecidos por las mentiras de los unos y los otros. Acríticos, hijos de una educación al pairo de los intereses del mercado. Acostumbrados a los caudillismos y los personalismos narcisistas, pocas veces, si no ninguna, han hecho una lectura comprensiva de programas de gobierno ¿Para qué, por otra parte, si siempre han sido papel mojado, cuentos para dormir, para envolver pescado podrido o combustible para un fuego confortable? Eppur si muove (¡pero se mueve!) como mantenía entre la espada y la pared Galileo frente al inmovilismo y el irracionalismo del poder feroz. Ahí siguen estando nuestras propuestas, a punto de actualizarse de continuo, mientras España declina.

Pero nos queda por decidir la mayor: por mucho que aquí sepamos qué hacer alternativo no podemos obviar que formamos parte de un ente mayor, que dormimos con el enemigo. La Europa fallida que la socialdemocracia y los intereses de las grandes corporaciones bancarias y especulativas nos vendieron como la tierra de promisión. La Europa fallida y su moneda, el Euro. Las treinta monedas de plata con las que Brandt, Andreotti, Kohl, Miterrand y González nos vendieron como parque de atracciones del norte. En cinismo envuelto de castellano puro nos dijo nuestro mandatario: España aporta su saber de nación vieja y su entusiasmo de pueblo joven con la convicción de que un futuro de unidad es el único posible. El ideal de la construcción europea es más válido que nunca, porque nos lo impone las exigencias del mundo de hoy, y más aún el de mañana. Sabias palabras: Pues ya es mañana. Qué gris e inhumano presente era el mañana… le decimos al consejero de Gas Natural Fenosa.

Ante las grandes controversias debemos enfrentarnos con valor y decisión. Conscientes de cuánto nos jugamos en la mano que nos ha tocado, pensando en el futuro propio y de los nuestros. La alternativa no puede ser un apaño, tiene que constituir toda una apuesta formal de superación, con todos los dolores y promesas de un nuevo parto Del pueblo. Por el pueblo. Para el pueblo.

Manuel Bermúdez.

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