Ley andaluza de participación ciudadana. Mi visión personal de una necesidad colectiva.


lapcAcabamos de regresar cuatro compañeros de la Asamblea de IU de Torredelcampo del Encuentro Provincial para la elaboración de la Ley Andaluza de Participación Ciudadana.

Sin pretender realizar un análisis exhaustivo del desarrollo de la misma, me gustaría comunicar mis impresiones personales sobre un encuentro, el último a nivel comunitario que la Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales, dependiente de nuestro parlamentario Diego Valderas Sosa, coordinador de IU-LV-CA, está promoviendo desde hace meses, en cumplimiento del programa con el que IU de Andalucía concurrió a las últimas elecciones autonómicas y que forma parte de los acuerdos de gobierno suscritos con el PSOE de Andalucía.

En primer lugar he de señalar la presencia de la delegada en Jaén del gobierno de la Junta, Dña. Purificación Gálvez Daza, quien ha realizado una breve e inútil introducción al acto, acuciada por las prisas para aparecer en el mismo, hacerse la foto de rigor y marcharse a toda carrera, según explicó, para atender otras numerosas e importantes obligaciones propias de su cargo. Las trabas que impone desde la posición dominante de su empleo ante los cargos de su socio de gobierno (IU) en Jaén son de sobra conocidas, hasta el punto de que se la puede calificar de comisaria política, antes que de leal compañera y delegada. Esta actitud de quien representa al gobierno de la Junta de Andalucía en Jaén, acusa el perfil desigual de un acuerdo de gobierno que mientras que para unos es de lealtad institucional, para otros, de puertas adentro, no es otra cosa que obstruccionismo, politiqueo y oportunismo. Lo cierto es que finalmente saludó y se marchó, dejándonos trabajar a gusto, que es de lo que se trataba, persiguiendo una ley democrática, de izquierdas, que busca fundamentalmente la temida, para muchos, democracia participativa como superación de la pauperada representativa, tras la que los intereses bipartidistas esconden el secuestro de la voluntad y soberanía popular.

Así que aunque débilmente, con graves limitaciones propias de una ley electoral injusta y decimonónica, y el temeroso apoyo de la población, IU, fiel a su compromiso social y político, de izquierda transformadora y real, va dando pasos, pese a las dificultades evidentes, en pos de una democracia real y social en Andalucía.

Soy personalmente partidario de esta ley de participación ciudadana, pero no tanto porque sea una ley absolutamente necesaria, ya que hoy por hoy existen mecanismos que propician la participación en mayor o menor medida, como que, al calor de la redescubierta voluntad popular por el interés de lo público, puede propiciar valores más que probados a lo largo de la historia de los trabajadores y ciudadanos, como son el asociacionismo y la organización civil y ciudadana. Por este motivo, aunque partidario, también me declaro crítico con el ingrato trabajo de mejora, creación y desarrollo de instrumentos legislativos que muy probablemente están sobrevalorados, en tanto que el grado de implicación ciudadana, a pesar de su aparatosidad mediática, aún deja muchísimo que desear. Ojalá me equivoque y esto que parece una nueva moda de implicación social en la política no sea un mero espejismo y a la vuelta de unos años se desvanezca nuevamente en la apatía, como ya sucedió a raíz del acceso al poder del PSOE, cuando tantas asociaciones de vecinos, laborales, gremiales, deportivas, culturales, etc. se vieron desasistidas desde la política, desbancadas de su importante papel social, para desaparecer por intereses partidistas, hasta convertirse en meros clubs receptores de subvenciones públicas (cuando el dinero de las recalificaciones regaba nuestra nación), sin seguimiento de su acción, ni evaluación de su funcionamiento ni de la consecución o no de sus objetivos privados y sociales.

El asociacionismo, lo mancomunal, lo federativo es lo propio de una sociedad organizada para la defensa de los intereses comunes y esasociacionismo el tejido que implica al ciudadano en la acción política, sea de barrio, de municipio, o de cualquier ámbito territorial, que a su vez sirve de control de la acción de los partidos políticos y las instituciones públicas.

Quienes vivimos su génesis y desarrollo desde los años sesenta hasta bien entrados los ochenta sabemos de qué hablamos. Entonces, con muchos menos medios legales, con menos recursos materiales, humanos y económicos, mantuvimos el fuego ardiente de la voluntad popular. Llamamos al orden a los partidos y sindicatos. Objetábamos los incumplimientos programáticos con que nos vendían la moto antes de las elecciones y después olvidaban sistemáticamente, como ahora hace el PP. Hasta que un día ellos, los que nos decían somos de los vuestros, nos dejaron a los pies de los caballos, espetándonos sin rubor: ya podéis iros a casa que nosotros nos ocupamos de todo. Aquí dejo de contar “mis batallitas” y no os canso más.

aieLa escuela y la universidad, el gran aparato ideológico que Althusser denunció como el sistema por el cual el estado reproduce el principal medio de producción del capitalismo: los obreros y técnicos al servicio de las empresas, se encargó junto a los programas de subvenciones clientelares, de vaciar de contenido social, organizativo y político el alma de las asociaciones y organizaciones populares, convirtiendo en votos contantes y sonantes las voluntades colectivas.

Si esta ley necesaria ante la evolución del sistema democrático, aupada por la necesidad del pueblo de hacer oír su voz de manera vinculante y decisiva, hace honor al esfuerzo de tantas asociaciones de interés público como han asistido en este encuentro de Jaén, será una gran ley. Un instrumento de gran magnitud para hacer posible y real la soberanía del pueblo andaluz.

Pero la ley por sí misma no deja de ser un simple instrumento, más o menos complejo y garante. Es necesario para la democracia, como el aire para la vida, que unamos nuestras conciencias ciudadanas de manera organizada, civil y reivindicativa para que tenga sentido cualquier cosa que hagamos y consigamos acceder a nuestro sitio necesario en las instituciones.

En medio de una sociedad compleja como esta en la que vivimos, inundada de consumo y de placebos, incluso la mejor de las voluntades, el trabajo más exhaustivo, la ley o norma más ajustada a las necesidades puede ser un mero adorno pasajero. Ahora el apoliticismo está de moda, y se tacha el trabajo sensato y eficaz de los partidos, de todos los partidos políticos, como algo obsoleto,  indigno y corrupto. Mal nos irá pensando que da igual la ideología, que ya no hay izquierdas ni derechas, que no existen las clases sociales porque no vemos niños de seis años entrando en las minas de carbón. Existen otras personas y otras minas tan indignas y explotadoras, tan injustas y denigrantes que ni partidos ni asociaciones ni instituciones nos pueden hacer ver si no nos quitamos el pañuelo de los ojos que el capitalismo nos impone a cada instante, desde el consumismo y la explotación de los poderosos sobre los de abajo.

Ha sido un lujo volver a encontrarme con asociaciones que luchan contra la ludopatía, que trabajan con el maldito Alzheimer, con colectivos de excluidos, de gays y lesbianas, vecinales, reivindicativos de feminismo o de hombres por la igualdad, como Ahige, a la que pertenezco. Pero al mismo tiempo es descorazonador que una plataforma tan activa e importante como la de afectados por la hipoteca de Jaén no haya asistido porque según ellos se trataba de un evento tutelado por un partido político. Malditas sean las actitudes puritanas, excluyentes y ciegas que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo propio. Con su pan se coman su calvinismo miope y excluyente. A su pesar seguiremos asistiendo también nosotros, como ciudadanos, a los desahucios.

Bienvenidas las asociaciones de amas de casa, las de jóvenes raperos, las de constructores de miniaturas de barcos de época, si además de fomentar su actividad trascienden lo meramente lúdico y experimentan la acción común, la necesidad de hacer juntos, la fortaleza de la unión frente al individualismo y la apatía promovido por el consumo, el poco valor que damos a la regeneración de la naturaleza y a la política como el arte de convivir justamente como ciudadanos conscientes y corresponsables.

Algún día, cuando los pueblos no sean ya origen de emigraciones, la tecnología  no genere ciudadanos de primera y segunda clase y la electrónica permita una democracia 4.0 nos alegraremos, y recordaremos que un día, también en Jaén, ciudadanos y ciudadanas concienciados sentamos las bases para que eso fuera posible.

Manuel Bermúdez.

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