Si son de lujo, no son herramientas sino adornos. ¡Qué peligro tiene esto!


laberintoinutilEl municipio, que ahora el PP está dispuesto a hacer desaparecer por obra y gracia de su anteproyecto de ley de régimen local, fue y sigue siendo la administración que por su naturaleza está más cerca de las necesidades ciudadanas. Tanto es así que Andalucía es de los pocos territorios que cuenta con una Constitución en la que está incluida, por lo tanto como Ley Orgánica, la administración municipal, para proteger y salvaguardar el impacto trascendental que las políticas y la gestión administrativa tienen en la vida cotidiana de los ciudadanos. Este asunto debería ser uno de los motivos por los que valorar, en toda su importancia, una ley bastante bien hecha, rara avis.

Sin embargo, cuando las herramientas con que cuenta la administración y la política local se utilizan banalmente, se vuelven en contra de la misma población que es administrada. ¿Qué hace que esto ocurra?

Por mucho que insista en mi visión social, tal vez no consiga que se popularice, pero no por ello voy a dejar de pregonar algo en lo que creo a pies juntillas y describe, con lógica aplastante, un modelo generalizado de hacer política en la mayor parte de los municipios. Sobre todo en aquellos gobernados, sin solución de continuidad, por el PSOE o el PP desde el comienzo de la existencia de municipios “democráticos”: El clientelismo apoyado en una inexistente cultura y formación política y ciudadana es la causa del continuado mal uso de las instituciones y de las herramientas de gobierno local. Podríamos decir que por una parte la ciudadanía se ha convertido en una especie de hooligans, o más concretamente, en consumidores de los aparatos políticos. De manera que más allá de los resultados concretos de la gestión municipal, continúa apoyando las acciones, logradas o no, del partido en el poder, porque como todo consumidor, lo que busca es mantener sus posibilidades adquisitivas. Esta actitud ciudadana es, en la realidad, una actitud consumista o borreguil. Vicente va a donde toda la gente, a ver si pilla cacho. Después nos desgañitamos en contra de la corrupción de medio o alto nivel, pero ¿hasta qué punto la corrupción es ajena a la conducta general de la sociedad? Esto se puede observar bien de cerca, en el marco concreto y abarcable de los pequeños y no tan diminutos ayuntamientos. El poder de los partidos lo sabe, la militancia con ínfulas de cargos también, de manera que el interés personal se contradice con el general. El interés personal por mantenerse en los cargos de unos hace que se regalen prebendas o se mal utilicen herramientas, vaciándolas de contenido, de manera que un gobierno local puede hacer un recuento de un gran número de actividades realizadas, al margen de que el resultado de las mismas valga la pena o no. Así el ciudadano puede decir: ¡cuántas cosas han hecho! Mientras tanto no se ve molestado, no se le pide corresponsabilidad, implicación en el bienestar social, porque lo que pretende es recibir prestaciones y que lo dejen de gaitas, al mismo tiempo que, si es posible, pueda ser objeto de favores de cuando en cuando. Así unos y otros van teniendo lo que desean y todos contentos.

Pongamos un ejemplo. Para realizar políticas de igualdad se requieren recursos económicos, humanos y materiales. La finalidad de estas políticas son diversas y muy importantes: la lucha contra la violencia de género, poner de relieve el valor de lo femenino y añadirle aún más desde la perspectiva de género, hacer práctica la igualdad de sexo ante el mundo del trabajo (igualdad de oportunidades, igualdad de salarios, liderazgo de las mujeres igual al de los hombres, conciliación familiar y laboral, etc…) Para realizar estas políticas se deben fomentar los valores asociativos, esto es: la concreción de objetivos comunes, el trabajo en equipo, una cierta horizontalidad en la organización. De esta manera aún al margen de aquello que reúne a las asociadas, lo que se manifiesta como valioso es el método de trabajo, el valor de lo individual apoyado en el equipo como forma de organización, hasta diluirse el protagonismo del yo en el del nosotros. Porque esta manera de establecer las relaciones es útil en la asociación, pero sobre todo marca a las personas, en este caso a las mujeres, el camino de la autoestima, y sobre todo el método para conseguir el sitio que merecen en la sociedad.

Dinero público, agentes sociales y técnicos en los que se invierte para adquirir conocimientos, habilidades y sueldos. Medios como locales, mobiliario, material audiovisual, transportes, concursos y premios, ponentes profesionales, viajes de inicio o clausura, materiales fungibles, fiestas… Todo se justifica si sirve para interpelar individual y colectivamente a sus destinatarias. Planes de igualdad y Consejo Local de la Mujer. Todo debe ser planificado de tal manera que cada actividad tenga un objetivo, que sea medible al comienzo, en el interin y al final, para saber si ese objetivo ha sido alcanzado y en qué grado, porque de lo que se trata finalmente es de conseguir una sociedad en la que la igualdad sea una realidad y no una palabra bonita para enmarcar a la puerta de un negociado o un despacho. Es más, se trata de un trabajo público que debe estar pensado para desaparecer un día, aquel en que la propia sociedad esté tan ducha en las habilidades aprendidas y sea tan fiel a sí misma que ya no necesite de tutelas políticas.

¿Alguien se ha molestado en leer un acta del Consejo Local de la Mujer en Torredelcampo? Teniendo en cuenta la antigüedad que dicho órgano tiene en nuestra población podrá entender hasta qué punto dicho consejo es útil, cuando no ejemplo, más que sonrojante, de cómo una herramienta para conseguir un fin loable puede utilizarse simplemente para hacer propaganda de cuántas cosas hacemos, aunque la inmensa mayor parte de las mismas no sirve más que para justificar sueldos, tiempo perdido y derroche de medios.

Finalmente todos perdemos. Perdemos dinero destinado a recursos mal utilizados, perdemos la posibilidad de aprender a ser iguales, perdemos la conciencia del valor de los recursos públicos y tendemos a pensar que no sirven para nada y, lo que es peor, deben ser privatizados, cuando no abandonados. Esto es lo que está pasando con todo el área de la mujer a nivel nacional, que el gobierno del PP, quien piensa que lo mejor para la mujer es la pata quebrada y la cocina, ve como ineficaces tantos medios que “aparentemente” se han desarrollado para cambiar ese rol femenino, cuando realmente los recursos se han utilizado no para construir una sociedad igualitaria, sino para mantener cargos, técnicos y los egos de más de una presidenta de asociación. Pero no puede decirse propiamente que de haberse utilizado correctamente no hubieran sido útiles. Pierde la mujer que se ve desasistida, la violentada, la maltratada, pero también aquella a la que nadie ve en un mundo de hombres, pasando desapercibida y tratada como mano de obra barata, familiar, social o empresarialmente. Perdemos todos, porque más del 50% de la población (las mujeres) no decide nada en este país y así nos va.

Manuel Bermúdez.

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