A vueltas con la historia ideologizada desde la “segunda línea” de la política.


desastreResulta intolerable que a estas alturas se pueda seguir manteniendo que el período histórico de la II República española fuese desastroso como ha asegurado Esperanza Aguirre, quien, a pesar de haber pasado a una segunda línea en la política, en un mes ha realizado más de veinte declaraciones en los medios, y las que realizará. Por la boca muere el pez.

Digo intolerable en primer lugar porque no se puede, desde lo público, deslegitimar un período histórico que el propio poder del estado se ha empeñado en hacer desaparecer de su estudio y debate histórico, así como de su juicio legal las circunstancias que lo hicieron desaparecer. Pero es evidente que este es un buen medio para mantener la sentencia. Lo que no se puede ver, estudiar, debatir o juzgar… no existió o fue tan negativo que por eso no se divulga.

A estas alturas mantener tal postura ya no es sospechoso de manipulación, sino que evidencia el placaje que la derecha más rancia espoleó desde antes del minuto cero de la celebración de los resultados municipales, aquel hermoso día 14 de abril de 1931; acrecentó durante el bienio cedista del 34 al 36 y terminó por dinamitar el 18 de julio de 1936 usando a parte del ejército que juró defender la constitución del 9 de diciembre de 1931 contra su propio pueblo.

Al hablar de la derecha más rancia, donde puede enmarcarse la figura de Esperanza Aguirre, hablo de la derecha anti democrática y anti laica que gusta representar lo más granado de la raza hispana, entendiendo ésta como una quintaesencia portadora en sí misma de una escala de valores muy particular, una versión española de la raza aria que aúna la épica de Mio Cid, la reconquista como germen de la unicidad de la España católica, el movimiento carlista como alma y espíritu patrio, la Iglesia contrareformista barroca y los privilegios de las clases aristócratas provenientes de viejos blasones feudales.

El movimiento anti republicano fue feroz, despiadado y genocida. A estas alturas lo sabemos bien, del mismo modo que sabemos que un ambiente de retroceso económico, de entreguerras, no resulta adecuado caldo de cultivo para el progreso de cualquier régimen. Una España al margen de cualquier revolución social, pobre y abandonada a su propia suerte por los estados europeos, mantenía necesariamente contradicciones graves que dificultaban su progreso hacia la democracia. Este sencillo análisis de aquel momento descalifica cualquier adjetivo con que una condesa consorte decida engalanar aquella época fusilada, la oportunidad para ser más libres e iguales.

“Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad (…) Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen […] Yo os autorizo a matar que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad”. Estas son palabras del golpista y genocida Queipo de Llano que aún reposa junto al altar de la virgen Macarena de Sevilla, y que posiblemente Esperanza Aguirre envidie no haber tenido la oportunidad de haberlas podido pronunciar, en los días de la liberación de aquel período desastroso que para ella fue la II República.

Manuel Bermúdez

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