El auténtico valor de internet para la protesta. ¿Por qué no nos hemos sublevado ya?


redesEl papel que juega internet en nuestra sociedad es clave para comprenderla. Esta herramienta ideada por los militares estadounidenses es el último refugio del capitalismo. El último jeans vendido para vestir, rotos incluidos, a nuestros famosos y adinerados ejemplos sociales, y por ende a un número de ciudadanos, cuando su sentido original era vestir a mineros en las lejanas tierras del salvaje oeste. De obreros a urbanitas.

Internet por su aparente carácter de espacio libre y no controlado se ha convertido en el reducto de las organizaciones de izquierda, de los movimientos sociales alternativos, plataformas y servicios de información (periódicos, revistas, blogs, etc) por antonomasia. Una gran parte de la sociedad que se ha visto huérfana de explicaciones, noticias, reflexiones, humor y literatura, ha acogido la red como medio de expresión, localización y gestión de sus intereses. Juntos nos hemos lanzado a la explotación a destajo de esta herramienta sin igual que aún permanece aparentemente libre ante las garras de todo aquello que el dinero toca.

Primaveras árabes, movimientos de concienciación ciudadana, plataformas apartidistas, grupos de constituyentes, republicanos, izquierdistas de toda índole y marca, periodistas que han sucumbido al cierre de sus rotativas, otros que no encontraban el grado de libertad deseado han encontrado su lugar en el mundo en internet, el último reducto. Pero también nos ha facilitado información institucional o de ocio. Igual podemos adquirir un crucero, que una casa, un libro que acceder al BOE. Presentar declaraciones a Hacienda, renovar el carné de parado, sacar la entrada para el cine, quedar en un bar de la calle Génova.

Ahí dejamos nuestro rastro indeleble por tiempo desconocido. Nuestros gustos y aficiones, a veces nuestros teléfonos y direcciones electrónicas y/o postales, nuestras adscripciones religiosas, políticas, futboleras. Cuando nos sentamos ante la pantalla del ordenador, hay una gran cantidad de gente que cree que es como mirar desde una noche oscura, lejanos de cualquier lugar habitado, el cielo majestuoso e inabarcable; lleno de estrellas, planetas y galaxias, mientras al tiempo que nuestro teléfono móvil, conectado a la red, nos informa de qué es lo que vemos y nos sitúa a cada cual, mediante el GPS, en el lugar concreto en el que en cada momento estamos, por el que viajamos, donde vivimos o al que hemos acudido a ver una obra de teatro.

Ante la inmensidad de este cielo digital nos sentimos protegidos por el anonimato. Aunque todos sabemos que no es así. Te conectas a facebook o cualquier otra aplicación, realizas una búsqueda en Google o donde sea y te aparece, curiosamente, una publicidad tan a tu medida que tienes la sensación de que Tienes suerte, como anuncia que tendrás el buscador por excelencia. Comenzamos a tener consciencia de que el sistema tiene todas las herramientas necesarias a poco que las alimentemos para saber de nosotros todo. Y un día caemos en la cuenta de que las empresas donde buscamos trabajo saben tanto de nosotros mismos como cualquier amigo virtual, y puede que no les guste, o que sí. Sin embargo, siendo todo esto cierto, difuso; en gran medida continuamos mostrando cierta incredulidad y muchas veces sopesamos los riesgos y los aceptamos, porque la alternativa, según para qué cosas es imposible, inaceptable, inexistente.

Cuando nos preguntamos cómo es posible que no estalle una sociedad con más de un cuarto de su platilla en paro, con millones de

Rebelión ciudadana en Islandia

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personas expulsadas de sus viviendas, asistiendo al hundimiento del mundo tal y como lo conocía y perdiendo el nivel de vida adquirido. Cuando nos preguntamos cómo es posible que no estalle una sociedad que asiste al espectáculo más infame por el que la policía que nos debe proteger nos ataca, los que deben gobernarnos nos roban, los que nos representan no lo hacen, nuestro rey se ocupa más de su trono y de la sucesión que de ejercer de jefe de estado. Cuando vemos que poco a poco las tiendas de nuestros amigos y conocidos se cierran y sus negocios van quedando en manos de cuatro multinacionales, los hospitales en manos de empresas privadas, los colegios en las de los curas y todas las promesas sobre que las privatizaciones traerán competencia y precios más bajos, mientras todos los precios suben y los salarios que quedan bajan. Cuando vemos cómo nuestros tributos van a parar a empresas privadas como los bancos que nos han engañado con preferentes, hipotecas y nos cobran por retirar efectivo. Cuando todo esto sucede ante nuestra estupefacción y nos preguntamos nuevamente ¿por qué no estallamos? Seguimos pensando que el lugar para estallar es internet.

Por esto comenzaba diciendo que la red es el último reducto del capitalismo. La red virtual nos tiene realmente presos como a los atunes rojos, pero no somos conscientes de ello. ¿O es que si internet no existiera no habríamos tomado todos los palacios de invierno de este país? Cuando digo que seguimos siendo consumistas antes que Ciudadanos no juego a matizaciones filosóficas. La tecnología sólo gana batallas desde la sala de mandos del Pentágono. Las revoluciones se ganan en las calles, lo que pasa es que internet es una Play Station cojonuda y un Valium de contraindicaciones no descritas y a nosotros nos va esa marcha.

Manuel Bermúdez.

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