La buena educación.


enseñanteTengo unos cuantos amigos enseñantes, todos sin excepción echan pestes del sistema de educación español y al mismo tiempo se confiesan maestros vocacionales. Irritados por los vaivenes políticos que se corresponden con el descrédito del sistema educativo, están hartos de la situación y completamente desesperanzados porque algún día se decida, quien corresponda, a parar el carro y hacer un trabajo serio.

La educación es la columna vertebral de cualquier sociedad. Cualquier persona con dos dedos de frente, a poco que lo piense llegará a la misma conclusión. Una sociedad educada y culta será más justa, más emprendedora, menos corrupta, más solidaria, progresará de manera más constante y tendrá en cuenta, mucho más que ahora, los efectos colaterales indeseables, de forma que los minimizará.

En una sociedad educada y culta se atenderá a personalismos una vez que estos hayan dado sus frutos y no antes. La apariencia no será un valor y por lo tanto si existen grandes personalidades será porque el resultado de su trabajo, su bohonomía o sus éxitos la habrán hecho lo que han llegado a ser y no al contrario.

El sistema educativo debe crear individuos instruidos con capacidad creativa y crítica, conocedores del pasado y de los descubrimientos de la humanidad, personas que realizan un análisis continuo de la realidad en la que viven y de un modo u otro influyen en corregir los excesos en esa realidad.

La educación en España es la gran asignatura pendiente, pero esto no es casual ni constituye algún tipo de fatalidad a la que dioses o azar nos obligan a soportar. Durante cientos de años la educación estuvo en manos de la Iglesia y simplemente no daba abasto, ni que decir de los contenidos de la misma que eso es otra cuestión. En un país con un analfabetismo por encima del 90% sólo la II República puso medios serios capaces de encauzar el problema, pero ya conocemos lo que pasó. Y no por lo que en los colegios nos enseñaron sobre esa etapa de la historia española, sino por el boca a boca, a escondidas, bajo el miedo.

La democracia generó la esperanza como en tantas otras cosas. Pero constatamos como hemos ido dando bandazos, siguiendo esquemas defenestrados en otros países, y creando leyes a diestro y siniestro, mientras el analfabetismo funcional se ha ido magnificando hasta cotas insospechadas. Nada molesta más a un gobernante que contar con ciudadanos educados y formados en la crítica, gente que sabe estudiar y que adquiere conocimientos necesarios y útiles. Decimos que estas son las generaciones mejor formadas de la historia y a fuerza de repetirlo nos lo creemos. Es deprimente ver a un universitario desenvolverse en el mundo. Pero esto es lo que aceptamos como bueno.

Las consecuencias de la mala educación no son otras que la indefensión ante las malas leyes que políticos formados en las mismas circunstancias, y por lo tanto gente de poca altura intelectual nos regalan día a día. Nuestro parlamento salvo escasas excepciones nos traslada un elenco de personalidades grises, que funcionan única y exclusivamente porque cuentan con la presión de lobbies que son quienes realmente construyen nuestra legislación. Por otra parte la ciudadanía está sobrepasada por la realidad. Todo esto no es más que el resultado de años de una educación de pésima calidad donde el esfuerzo, la creatividad y la crítica han brillado por su ausencia.

Formar es costoso, aunque no necesariamente caro. Ahora el desgobierno de la derecha y la ultraderecha está dando la puntilla final al sistema, pero son tantas las penurias por las que nos están haciendo pasar, que no somos plenamente conscientes de qué es lo que está sucediendo. Hasta que un día no lejano nos convirtamos definitivamente en un país de camareros (con todos los respetos por el oficio)

Hoy enterramos en Torredelcampo a José Rubio, maestro, como su esposa. Ayer pude ver en el tanatorio un gentío que se congregaba para decirle adiós y acompañar a su familia. Enterramos a un enseñante invalorable, de los que los sistemas no consiguen hacer un mero funcionario, desentendido de lo importante, presuntuoso o incapaz. Se nos escapa una raza de enseñantes incorruptibles, esos que dejan huella, de ahí la diversidad de personas que lo acompañan. Ahí está el problema. No podemos fiar nuestro destino de nación exclusivamente a la valía de personas insobornables, eficaces, útiles para la formación de nuestros hijos. Hemos de creer y crear el sistema que haga posible que esas excepciones humanas sean la regla. Para entonces hablaremos de otro tipo de cosas. Pero nadie, ni el patrón ni el político, ni el banquero ni ningún iluminado resquebrajará la roca de la libertad, la creatividad, la crítica y el esfuerzo que la buena educación haya forjado en nosotros, y nosotros, padres y madres no actuaremos ya más como individuos laxos, desentendidos e indisciplinados ante la educación de nuestros hijos.

Manuel Bermúdez

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