Sanitarias, mucho más que profesionales. Mujeres.


sanitariasA estas alturas del siglo hablar sobre el papel de la mujer en nuestro mundo debiera ser una obviedad, un lugar común. Pero mucho me temo que habrá que insistir una y otra vez en la idea básica de que la básica conducta de la mujer es radical en la historia de la humanidad. No debiera de tratarse de halagar con palabras, sino simplemente de constatar que es un hecho irrefutable que la sola presencia de las mujeres es determinante en cualquiera de las sociedades llamadas no civilizadas, cuánto más en las que entendemos que lo son.

Me refiero hoy a esto porque siendo llamativo y expresivo de la situación que vivimos, la presencia mayoritariamente abrumadora en los paros que la sanidad de Madrid viene realizando desde hace bastantes meses. La de Madrid por constante y descriptiva de una situación al límite, pero no lo es menos la de cualquier otra comunidad, ciudades y barrios. La presencia de mujeres en estas acciones es mayoritaria, no es vanal y sería simplista pensar que son mayoría. También son mayoría los españoles que se quedan en sus casas, esos a los que el presidiente alude como mayoritariamente concupiscentes con sus medidas del Corte Belga.

Mucho se ha hablado de la mano rota que secularmente se ha adueñado de bienes fungibles en ambulatorios y hospitales. Los españoles en general tenemos muchísimo que aprender de nuestros propios errores, no cabe duda de que el sentido de lo público que hemos concebido no obedecía en muchos casos a lo que en puridad debiera entenderse, más bien ha parecido que de lo que hay mucho y además no siento que también yo lo pago, puedo hacer lo que desee. Cuando es tan al contrario. Se trata de aquello que es de todos, también mío. Por eso debemos ser rigurosamente escrupulosos con lo público, porque es lo menos ajeno. Y por respeto.

Pero he de decir que en el cumplimiento escrupuloso de sus funciones, sanitarias, intendentes, humanas, etc. mi experiencia personal constata que la conducta del personal sanitario femenino es tan esencial, que otro gallo hubiera cantado si jefes de departamento, de planta, etc. hubieran realmente oído con la misma intención las críticas que el personal sanitario femenino les exponen a diario sobre lo más cotidiano de cada hospital y ambulatorio españoles. Un amigo dice bromeando sobre lo público que habría que militarizar al funcionariado. Soy mil veces testigo de las estrellas de generalato de una simple auxiliar de clínica, sin el boato ni la flema de cualquier militar.

Ellas están siempre ahí, trabajando con un ahínco y desparpajo increíbles, dejando cuando toca su salario tan cruelmente desparejo del de sus compañeros varones, cuando los Rajoys de nuestro mundo aprietan. Defendiendo con uñas y dientes, como sólo las mujeres saben hacer desde antes de la necesidad de mantener el fuego ardiendo, no sus derechos, sino los de la sociedad. Porque a solidaridad, pónganse la mano en el pecho, ¿quién gana a una mujer? ¿Quién como ella se la juega con las decenas de barajas con que, a cada día, han de jugar?

Manuel Bermúdez

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