Las medidas de la OCDE nos salvarán… ¡Volveremos a la esclavitud! ¡Vivan las cadenas!


goya

Lo de estos señores de la OCDE es, como dicen en mi pueblo de nacimiento, para mear y no echar ni gota. Por una parte vaticinan desde la atalaya de sus conocimientos insondables que las previsiones del desgobierno del PP respecto de ¡esPáña! son un puro cuento, que el paro aumentará hasta el 27% (más de un cuarto de los trabajadores posibles estará en paro), que el PIB, lo que nuestra gente es capaz de producir y vender en un año, bajará un 1,3%, en fin que hasta 2015 no se comenzará a ver de lejos una salida de la recesión… y lo que te rondaré… blancuzca calavera.

Después de ponerte los pelos de punta ante la gravedad de la situación, ya para terminar de arreglarlo todo aconsejan lo siguiente:

 

  • Que se abaraten (más) los despidos.
  • Que no se tengan en cuenta los acuerdos sindicales
  • Que se apliquen más recortes
  • Que se suban (más) los impuestos, el IVA en concreto

Como se puede ver, una lindeza de consejos que evidentemente harán posible que los mejores vaticinios supongan que en vez de para 2015, la economía mejorará para 2050 o algunos años después.

Curiosamente no dicen nada de dejar de regar con dinero de todos a los bancos, nada sobre que los bancos nacionalizados se queden en manos del Estado y que este vigile que los créditos que concedan al pueblo y las pequeñas empresas sean a un interés tan bajo como sea posible para levantar esto entre todos. Nada aconsejan sobre los impuestos a los ricos y especuladores, nada sobre la tasa Tobin. Dicen que vamos al abismo y nos aconsejan para que el abismo sea lo más hondo posible.

Sólo se me ocurren dos ideas que expliquen estas medidas tan extraordinariamente útiles:

  1. Que quieren nuestra bancarrota para adjudicarse directamente el país, así Alemania tendrá playas propias.
  2. Que quieren hacer que las medidas del gobierno Rajoy parezcan un regalo para los españoles comparadas con las suyas. Santamaría, en su magnificencia y nuevo look asegurará que no harán caso de semejantes consejos y así, agradecidos,  les votaremos de por vida.

Lo evidente es que nadie, ni los que nos gobiernan ahora ni los que nos han gobernado siempre (los mercados, los bancos, las agencias de calificación, las grandes economías internacionales) pretenden ayudar a que podamos vivir en paz.

Sigue extrañándome la capacidad que tenemos en España para aguantar los golpes. Nos comportamos como el buen Urtáin. Somos una especie de brutos sin técnica, capaces de lanzar un directo antes de caer casi muertos sobre la lona.

Igual que el púgil vasco vemos  cada día cómo nos hundimos en la miseria más profunda: cada día más familias dependen de la beneficencia de Cáritas, la Cruz Roja, los Bancos de Alimentos. Cada día que pasa hay más niños hambrientos ¡en esPáña! Cada día los trabajadores y trabajadoras ganan menos y sus condiciones son peores. Cada día que pasa más jóvenes se acumulan sin futuro en las puertas del INEM o peor, en las puertas de las ETT que se están poniendo las botas como nunca. Cada día más gente se queda sin vivienda, más personas de 45 años en adelante no volverán a trabajar jamás, las pensiones dan para menos, los hospitales carecen de más personal y medios, se cierran más plantas; los maestros tienen más alumnos, las universidades son más caras y hay menos becas.

Eso sí, debemos agradecer sus consejos porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y nos merecemos el infierno, están haciendo lo mejor para nosotros, y por supuesto esto es lo único que se puede hacer. Pero esto lo asegura gente que aunque dejara de ingresar su nómina podría morir de ancianidad (como paca la culona, según palabras del cafetero macareno Queipo de Llano) y dejar asegurado el futuro de los suyos para toda la vida.

Somos un país patético. Sometido. Nos miramos a los ojos los unos a los otros como se miraban los siervos de los nobles cuando veían que se les venían encima malas cosechas, hambrunas y la peste comenzaba a hacer estragos. Sálvese quien pueda, los niños y las mujeres a rezar, los viejos a morir y los jóvenes  a destripar terrones o enemigos de nuestros amos.

Cada vez somos más quienes salimos a manifestarnos, a rodear el Congreso, a dejarnos apalear por la policía, multados por ser ciudadanos pacíficos. Sólo nos queda hacer ganchillo y regalarle a Santamaría y Cospedal unas fundas primorosas para sus cojines. La guerra civil y cuarenta y tantos años de paseillos nocturnos, tiros en la nuca, juicios fuera de la ley, mítines desde el balcón del palacio real nos han convertido en un pueblo gris, tembloroso, sumiso. No te destaques, nos decían nuestros padres soliviantados. No te afilies nos decían nuestros abuelos con la mirada opaca. Rojo de mierda, nos llaman altaneros esos chicos poderosos de calzado castellano, chinos, lacoste y gomina, seguros de sí, amparados por el gobierno y su policía.

A una llamada de atención la califican de saqueo de supermercados, a un contribuyente sudaca de mierda, a un africano, antes perteneciente a la guardia personal del mayor asesino que la historia de España ha conocido, moro asqueroso. Los vemos, lo sabemos, sabemos que son los mismos que bajo palio se aseguraban de mantener sus privilegios a buen recaudo.  Los vemos, sabemos que traicionaron el cuerpo que dicen repartir en sus misas desde el primer día. Para ellos todo es una Cruzada que les permita seguir al mando, asegurando qué es bueno y qué no lo es, acumulando inmuebles y riqueza. Ases de la pederastia condenan a maricas y lesbianas, a abortistas y herejes desde el púlpito, como hizo S. Agustín después de violar, jugar y matar antes de convertirse en devoto hijo y padre de la Iglesia. La sola presencia de Rouco intimida, no es para menos, Torquemada tenía mejor presencia (en petit comité hasta el insige cómico Arturo Fernández admitiría que es feo, muy feo). Urgangarín saluda a su suegro, de la mano de la reina que vuelve cada semana unos días de Inglaterra de visita, para asistir al borbón cazador, criado por los pechos del Caudillo, ahora postrado en un hospital privado, asistido por el príncipe que aún recuerda a la chica leonesa que se ganó unos minutos de gloria a su pesar. Semejante súbdita. ¡A mí la guardia!

La Constitución hecha unos zorros. Los derechos inalienables que todos los componentes de los gobiernos juran ante el crucifijo y sus altezas o prometen por su conciencia y honor, al tiempo que comprometen su palabra para remover todos los obstáculos a fin de hacer posible una vivienda digna para cada familia, el derecho al trabajo y que blancanieves encuentre a su paladín al tercer día de haber mordido la dichosa manzana (probablemente cosechada en los Altos del Golán).

La vieja y democrática Europa, con su papel moneda al frente de los derechos de la ciudadanía. La vieja Alemania jugando una vez más su papel de guerrero teutón, los hornos de los campos de concentración modernos: donde se quema a fuego lento la esperanza de la justicia social. Pero no debemos de preocuparnos, por ahí suenan ya los chirridos de las orugas de los blindados de la OCDE. ¡Estamos salvados!

Somos más, sabemos mucho. Pero para cuando seamos conscientes de nuestro número y sabiduría bailaremos por los nuevos centros comerciales de las grandes ciudades como los osos amaestrados, contentos y felices, porque de nuevo estaremos bien alimentados, libres de garrapatas y con un collar de swarovski al cuello, regalo de nuestros amos. Y seremos felices y comeremos perdices.

Manuel Bermúdez.

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