Qué hacer desde que PPSOE han desvirtuado la comisión de investigación de los ERE


Después de más de un decenio sin comisiones de investigación en el Parlamento de Andalucía, la constituida para investigar el caso de los ERE fraudulentos ha concluido su trabajo de la peor de las maneras posible: dando la razón a los que piensan que todo sirve para nada. Cuando algo así sucede todos perdemos a la vez. Pero hay tres perdedores por excelencia: el pueblo, que confirma su calidad de soberano como meramente ornamental  y lo es también, por tanto, el propio Estatuto de Autonomía Andaluz,  por otra parte, la idea fundante y los militantes de los partidos políticos. ¿Por qué digo esto? Vayamos por partes, como diría Jack el destripador.

El dictamen propuesto por los diputados de IU de la comisión no deja lugar a dudas. Las responsabilidades directas respecto al asunto de los ERE fraudulentos se atribuyen a D. Javier Guerrero y D. Manuel Gómez, así como a D. Antonio Fernández y José Antonio Viera, ex consejeros de empleo durante el tiempo en que se cometieron los abusos administrativos, penales y políticos.

Cosas de nuestra democracia, el todo o nada del PP y las ansias de salvación del PSOE, hacen que se cierre la Comisión con la atribución de responsabilidades exclusivamente a los dos primeros. Con esto se logra por parte del PP hacer creer que las comisiones no sirven para nada y por parte del PSOE que se trató de un caso de corrupción personal y puntual. El lugar en el que queda IU es el de siempre, ha hecho el trabajo sucio y para unos está vendida a los caprichos de los socialdemócratas, mientras para otros es la herramienta que quizás en poco tiempo no necesiten utilizar, mientras queda contenido un problema que podría haber afectado gravísimamente a su partido, en horas tan bajas.

Por mi parte he de decir que me arrepiento hasta las trancas de haber apostado por el cogobierno haciendo una apelación a la responsabilidad y el compromiso. El transcurso de la investigación en la comisión parlamentaria no me deja dudas de que un delito continuado en el tiempo,  nueve años, necesita como poco del conocimiento de los superiores de los señalados como responsables según el voto del parlamento del día 23. Pero aún más, en una autonomía donde las transferencias recaudatorias no existen, donde la mayor de las responsabilidades, por tanto, son la redistribución, la inversión y el gasto, no se comprende que durante nueve años los dos presidentes de la Junta fueran ajenos a lo que ha estado sucediendo. ¿Cómo fui tan ingenuo como para dar mi voto a gobernar con un gabinete presidido por alguien que o conocía lo que había estado ocurriendo, o fue tan estúpidamente torpe como para no saber nada de nada?

¿Cómo se sirve mejor a Andalucía desde ahora… tirando de un carro en el que todo son sospechas y deslealtades o denunciando nuestro error y manteniéndonos firmes en nuestras convicciones? Mucho me temo que ambas posturas sean incompatibles.

Manuel Bermúdez

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