Ante Julio Anguita siento confusión, muchísima confusión.


Entre el respeto y la confusión. A Julio Anguita comencé a admirarlo el día en que mi padre, de derechas de toda la vida, halagó las virtudes del político comunista e hizo incluso el alarde de decir que a alguien así lo votaría. Admiración y halago, esas dos cosas que tanto gustaban a los emperadores romanos y después de ellos a todos los caudillos que han sido y serán.

Ni que decir tiene que he respetado a D. Julio por casi todo, aunque resaltaría su capacidad de comunicación, el tono didáctico que pocos como él posee, y su discurso. También me gustaría poder resaltar su coherencia militante que tanto subraya en sus intervenciones últimamente: soy comunista y pertenezco a IU y lo mantengo. Digo que me gustaría muchísimo, pero por las mismas razones que él aduce, no puedo. Dice D. Julio que él juzga no por los nombres sino por las acciones, de modo que si éste proceder se administra respecto de sus juicios y actos no puedo concluir que es coherente en su militancia en IU, al menos.

Tiendo a querer comprender a las personas que jamás me han dado motivos para poner en entredicho, por eso digo que me muevo entre el respeto y la confusión. ¿Qué hace D. Julio en esta última andadura quijotesca suya, dice él, en la que se ha embarcado? Hace algo positivo. Dado el renacimiento de la conciencia civil que ha eclosionado en España, aprovechando esa inercia de empuje social hacia lo político que como desde la transición no ocurría, instiga fuerzas individuales y sociales para ahondar y concienciar del auténtico ser cívico, o sea, político, de las masas. Sin embargo, no todo es positivo en esta acción personal de D. Julio. ¿Por qué afirmo esto? Porque si para realizar un trabajo tan necesario de concienciación y movilización social que, coyunturalmente, se caracteriza por la moda del apartidismo, se debe colgar en la percha, como él mismo argumenta, su carnet de afiliación, cuando el partido al que él mismo pertenece defiende no ya las mismas posturas que desea desarrollar cívicamente, sino incluso otras más comprometidas, se está traicionando más de una cosa, y cosas importantes, además de conseguir que la confusión social sea mayor de la ya existente, además también de ahondar más de lo que ya lo hacen interesadamente el bipartidismo y todos los poderes financieros en la manida desunión e ineficacia interesadamente calumniosas sobre Izquierda Unida como fuerza política de izquierda real. ¿Quién (carajo, permítaseme el desahogo) está libre de contradicciones en esta España tan pura?

Se traiciona al pueblo porque no se desmiente tajantemente que todos los políticos ni todas las organizaciones políticas son igualmente  odiosas, no todas no nos representan  y no todas son la misma mierda. Aunque sólo fuese porque no han tenido la oportunidad de cagarla se puede y debe presuponer decencia, ya está bien de hacernos perdonar errores y corrupciones probadas y ajenas, por el sólo hecho de constituir una fuerza política. Y es que Julio Anguita no es un don nadie, así que con la que está cayendo, con su posicionamiento y silencio podría parecer que cuando dice que aparca carnets, se solidariza con el sentimiento populista de que toda la clase política debería ir al paredón. No nos engañemos, el apartidismo es una moda del capitalismo y de los burgueses, sólo a ellos le baila el agua. Si se pueden decir verdades del calibre que él las dice, también se puede afirmar que el partido y movimiento en que milita no son como el resto. Lo que pasa es que entonces se corre el riesgo de ir contra el argumento populista y perder el favor de la masa. En las estrategias esto puede no ser afortunado, aunque sí honrado, y mucho.

Se traiciona al partido y al movimiento en que milita porque no es un militante cualquiera el que aparca sus carnets. Recuerdo las críticas al rey de Bélgica cuando aparcó su corona mientras se realizaba un referéndum que su conciencia no compartía. Uno no aparca las cosas y las retoma cuando conviene, sobre todo si de corona o de filiación se trata y si la filiación es la madre de la ideología que uno quiere desarrollar para la sociedad donde vive.

Se traiciona a cientos de movimientos sociales, instituciones no gubernamentales, asociaciones profesionales, individuos independientes como son los cientos que están detrás de la Convocatoria Social que Izquierda Unida realizó, movilizó,  consultó, oyó y tuvo en consideración,  para asumir como propias miles de propuestas con las que construir un programa de gobierno serio, capaz, de izquierdas, social y humano como el que presentamos a elecciones generales y autónomas. Propone D. Julio a la sociedad civil que construya algo ya construido al tiempo que se silencia aquel trabajo riguroso, participativo y civil que se viene realizando, asumiendo y representando en IU desde hace años.

Se traiciona el trabajo de miles de militantes de base y de representantes en parlamentos, trabajo que jamás se verá recompensado suficientemente con medios tan escasos, durísimo. Si D. Julio estuviera en activo en el Parlamento y oyera a un alto exponente de su partido pedir el voto en blanco, aunque sólo fuera por dar a entender algo a la conciencia colectiva del pueblo, ¿qué sentiría?, ¿qué pensaría?

Se traiciona a los españoles porque, en nombre de una verdad personal y coyuntural, se miente cuando no se dice toda la verdad. Nada de lo que afirma Anguita es mentira, pero no afirma con la misma rotundidad que el programa, programa, programa que tanto repite, existe; que una fuerza política inmaculada gubernamentalmente, lo defiende y compromete. Se engaña cuando se afirma que ese trabajo de construcción social es lento como la agricultura, porque siendo cierto no es menos verdad que para lento el más que injusto, lleno de trampas legales, tortuoso camino hacia la acción de gobierno de IU, que ante el silencio de D. Julio se hace aún más arduo. La omisión de una verdad tan grande convierte injustamente en falsa e ineficaz una acción digna.

Si para hacer creíble todo un programa de acción de gobierno y hacerlo apartidista hay que soslayar verdades tan importantes, anteponiendo la personalidad al prestigio histórico de quien compartió el conocimiento, el saber, la capacidad de análisis de la realidad que el PCE e IU contribuyeron a formar en D. Julio, llamar personalista a quien nunca antes admití calificar así ¿sería un error? Cuando veo a Julio Anguita en Canal Sur recuerdo más a Steve Jobs que al político que admiraba mi padre. Confusión… ¿qué me traiciona?

Sigo pensando, como D. Julio me enseñó, que hay que tratar a los demás como a adultos y que engañar, cuando menos por omisión, masivamente al pueblo no es un medio que se justifique ante ningún fin. Si el pueblo español es capaz de formular un programa más ambicioso económica, política, socialmente que el que mi partido y el de Anguita presentaron y presentarán, tendré que abandonar mi militancia; mientras tanto, aunque ante la masa,  no sea políticamente correcto (joder, a dónde hemos llegado), defenderé aquello que sí me representa con uñas y dientes, porque lo quiero para mí y mis hijos y ya no soy un adolescente aturdido, ni un recién llegado a la vida.

Manuel Bermúdez.

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2 comentarios en “Ante Julio Anguita siento confusión, muchísima confusión.

  1. Completamente de acuerdo en todo. Hay que tener valor para hacer tales afirmaciones. Y lo que hoy falta es valor, valores, en todas las esferas. Por otro lado, defendiendo, en parte, a Julio Anguita, creo que su estratega es acercarse a las nuevas y desorientadas generaciones, hacerse cercano a ellas, para orientarlas y encauzarlas ¿Y tendrá éxito en el intento? Yo creo que el anarquismo, que siempre fue negativo, nihilista, objetivamente coincidente con los intereses derechistas, lo está invadiendo todo, porque parece una moda muy moderna, aunque tiene la misma edad que el socialismo, sin comprender que no es más que una cobertura para enmascarar el miedo atenazador que han interiorizado tantas personas. Miedo hasta de votar. El resultado no puede ser otro que el “lumpenproletariat” y su apoyo, sin duda inconsciente, al ascenso del fascismo.

    • Gracias no por la coincidencia, si no por participar del debate. No sólo hay temor a abrir el debate, si no, como parece, a mantenerlo hasta llegar a alguna síntesis. En cuanto a la estrategia de la que hablas verás que no estoy de acuerdo por lo que ya expreso en el artículo. Como mínimo llama a la confusión, a mantener el mito(¿?) del personalismo. Existen maneras y maneras. Me repetiré, pero no me importa, al decir que creo que todo lo que afirma Julio es cierto, pero que el problema para la izquierda real, pero sobre todo para la sociedad es no decir toda la verdad. Ocultar la existencia de un programa único en su concepción, por la incorporación de análisis y propuestas sociales y por el subyacente y más que evidente signo alternativo de izquierdas y marxista. Ocultar el hecho real de que la única fuerza política que reclama de la sociedad y sus movimientos elementos para generar un programa, desde el análisis hasta la oferta de medidas, es lo mismo que decir que efectivamente las fuerzas políticas no interactúan eficaz y cooperativamente con la sociedad civil. Como esto no es cierto y sólo lleva a la falsedad de que la sociedad no está representada por partidos o movimientos políticos “tradicionales”, alguien ha de decirlo aunque al hacerlo una gran personalidad de la izquierda y de la historia reciente se vea afectada.
      Coincido en la existencia de la masa, como tú la llamas con ese palabro tan acertado y de sus consecuencias. Por eso toda la actividad desarrollada por Anguita como cualquiera de nosotros en cuanto a una metodología didáctica y cercana es esencial, porque de lo contrario no será comprendido el mensaje, el análisis, el programa. en cuanto al anarquismo, desde un punto de vista antropológico es cierto, en cuanto a desorden y falta de responsabilidad. Ya quisiéramos que como corriente política y social tuviera la enjundia que se merece. Ahora lo que hace falta es que la antropofagia que nos caracteriza no nos la juegue. Salud. Manuel.

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