Clases políticas e hipotecas.


En cualquier grupo social surgen contradicciones y un movimiento político no es menos, es más, por supuesto. Porque a un grupo o movimiento político lo mueve una ideología que pretende ser hegemónica, persigue que a través de los mecanismos del poder, se transforme un estado, bien hacia el desarrollo social y humano, bien hacia el desarrollo financiero.

La hegemonía que establece el capital es menos contradictoria en su desarrollo ideológico político, porque realmente su pretensión es el adelgazamiento del estado y las administraciones. Mientras menos entidades y personas se dediquen desde el ámbito de lo público a realizar servicios hacia la comunidad, más necesarias serán las empresas privadas para ocuparse de las lagunas que aparecen. Toda su política se concreta en algo muy simple, convencer ayudándose o bien de datos ficticios, o apoyándose en la rumorología relativamente real de la poca profesionalidad de dirigentes y funcionarios o, finalmente, utilizando criterios como deficit o rentabilidad. Falacia y populismo, demagogia pura y dura. Lo contradictorio en la derecha es simplemente qué parte del pastel es la que quiero para los míos en contra de la que se me ofrece.

Para realizar cualquier actividad es necesario disponer de economía. En España la muy mejorable ley de financiación de partidos políticos establece que estos reciben fondos proporcionales a su representatividad parlamentaria o municipal. Aún estamos lejos, no lo digamos muy fuerte y toquemos madera, del sistema norteamericano de subvenciones privadas, por el cual sólo es posible hacer política si eres rico o te vendes a los más ricos y sus intereses, que es algo así como que si tienes dinero puedes ir a la universidad y si no a formación profesional si a caso, aunque seas un lumbreras.

Desde el hundimiento electoral de la izquierda real cualquiera que haya tenido interés ha podido observar la más absoluta precariedad de medios de que goza IU. No persigue este artículo la lágrima, nada más lejano. Vamos a otra cosa. Mantener una estructura, sus funciones, su trabajo diario, las comunicaciones, los pequeños viajes, las octavillas, no digamos nada de la aparición en medios, ni sobre hacer propaganda ni marketing. Todo tiene sus costes económicos. El trabajo de las personas que se dedican a pensar, organizar, coordinar, administrar, disponer de un vehículo, contratar un lugar para celebrar un acto… tienen un costo. No hay más que observar el despliegue de medios del aparato propagandístico en época pre y electoral de los dos grandes partidos y compararlos con el que realiza IU. No hay color. Pero además de “la falta de color” hay que hacer la observación de que la mentalidad social establece que todo aquello que no aparece en los medios de comunicación, sencillamente, no existe. Estos son algunos de los problemas a los que se enfrentan movimientos sociales, agrupaciones políticas marginadas por el sistema, aunque representen a grandes sectores de nuestra sociedad, como es el caso de IU.

La presunción de representación parlamentaria de los dos grandes partidos hegemónicos, es el aval por excelencia con que cuentan para disponer de créditos y condiciones beneficiosas ante la banca y las finanzas. ¿Si usted representara ante el consejo de administración de una entidad financiera a su partido a la hora de pedir créditos, trabajaría por conseguir una ley hipotecaria justa socialmente, que va contra la facilidad de acumular intereses y capitales de que gozan actualmente los bancos?

España sufre de un déficit de capacidad crítica que nos hace parecer débiles mentales, una especie de subproducto racional, meros consumidores, así en conjunto hemos tenido más parecido con la sociedad de trabajadores que Aldous Huxley describe en Un mundo felíz, que el que se espera de una sociedad moderna del primer mundo. El déficit de capacidad crítica lleva a muchos a compartir, ya que no tienen opinión propia, la declaración fácil, de los desencantados del sistema, los burgueses con ínfulas de progresismo de salón, o los aduladores del estalinismo, según la cual IU no está en el sistema porque no ha tocado cacho.

La posición de IU ante los desahucios, como ante todo lo social y público es clara e innegociable, pese a quien pese, aunque eso nos obligue, como tantas cosas a hacer de tripas corazón y buscar recursos donde no los hay. En política de izquierdas la retribución de lo público es social, no económica. La dignidad no tiene precio y no se vende para medrar ante la banca.

Siempre hubo clases, dice el refrán. La sociedad moderna lo niega. Tú, ¿que piensas?

 

Manuel Bermúdez.

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