Es mejor que un hombre muera por la banca


Cuando el fin justifica los medios, si los medios se tratan de al menos una vida humana y el fin el negocio de unos pocos, de lo que hablamos no es seguramente de otra cosa que de una sociedad psicópata. Si no míralo desde otro punto de vista: unos gansters del Bronx acosan a un hombre para que pague, por encima de sus posibilidades, la “protección” de su negocio, y se suicida. Todos nos entristeceríamos del mismo modo que en el caso que nos ocupa hoy de un vecino de La Chana en Granada, y entenderíamos que se trata realmente de un asesinato. El sujeto pasivo cambia, una banda de gansters, un banco y la legislación que lo protege. El fin que justifica los medios es el mismo en uno y otro caso: la acumulación de ganancias.

Parece que estoy queriendo decir que el banco es el culpable de la muerte del desahuciado y así es. Estoy convencido de que la colaboración del banco, la justicia, los cuerpos de seguridad del estado y la policía municipal es necesaria para que un aparente suicidio pueda calificarse de homicidio preintencionado. Afirmo esto porque ¿de qué otro modo nuestro vecino de Granada se abría quitado la vida si no es ante la desesperación de la comisión de una injusticia legal?

Cuando un sistema social permite que estas cosas ocurran desde luego puede calificarse de cualquier modo antes que de democrático. En las democracias no se conculcan los derechos fundamentales de las personas, por más que estemos acostumbrados a que así sea. Es como el anuncio del yogur: lo normal no es sentirse mal.

Asistimos a una muerte anunciada, no es la primera ni, seguramente, la última. La ley que protege a los bancos en casos de deuda hipotecaria parece ser de 1909, qué lástima que Cifuentes no haya apreciado la antigüedad de la misma y no pida con el mismo brío que con otras su modulación. Y digo bien: asistimos, porque es lo que hacemos, como quien asiste a cualquier entierro, con el gesto apesadumbrado, llenos de impotencia y rabia, pero nada más. Asistimos como los griegos asistieron al suicidio de aquel hombre en la plaza Sintagma, frente al parlamento. Asistimos a la muerte. Eso es lo que hacemos, asistir, colaborar a que así sea, porque de otro modo estaríamos todos en la calle esta tarde lluviosa de octubre, no rodeando sino haciendo valer nuestra soberanía antes que la soberanía de los bancos, la nuestra antes de aquella que nuestros representantes políticos dicen representar, por supuesto de forma no violenta, pero eso sí, continua,  irreductiblemente hasta que tuviéramos la garantía absoluta de que antes de nada nuestros gobernantes y jueces hicieran justicia con las leyes y cambiaran las leyes injustas.

Nuestro estado no merecía a este ciudadano y a nosotros tampoco. Cuando seamos conscientes de esto se abrirá una disyuntiva, o llamaremos todos a nuestro estado dictatorial y seguiremos asistiéndolo o no consentiremos más a este estado.

Descanse por fin en paz nuestro vecino de La Chana, Granada.

Manuel Bermúdez Trujillo.

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2 comentarios en “Es mejor que un hombre muera por la banca

  1. Un foco nos deslumbra de otro foco aún más potente. Sí los bancos cual un dios menor, tienen la prerrogativa feudal de la ejecución forzosa, el privilegio de crear dinero de la nada y enriquecerse poniéndole intereses más ya serie de licencias abusivas, las infinitas ayudas del dinero de todos y la irresponsabilidad de no solo no pagar por sus crisis sino que encima le gratifiquemos. Pero todo ello es posible porque su dios mayor, el sistema económico capitalista actual le deja el campo totalmente abonado: creando desempleo (la mayoría de los desahuciados sin este desempleo producido a conciencia podrían haber seguido pagando sus cuotas), privando a las personas de los medios de subsistencia y de producción, les condena a la necesidad hija de de las injusticias, de la pobreza, de las guerras, de la dominación y la explotación. Les roba el corazón al exigirle su adhesión si condiciones so pena de empujarlos por el precipio en caso de que se rebelen y permanezcan críticos, dignos y autónomos.

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