Jornaleros de la mentira


Lee uno, escucha, sigue por televisión a los sabiondos de todo, esa especie de personajes que, bajo el marchamo de periodistas y/o escritores, lo mismo te diseccionan las claves del último partido de Champions que te explican los movimientos de la prima de riesgo sin despeinarse. Son los denominados creadores de opinión –de la opinión de los amos del medio que los contrata-. Jornaleros de la mentira, bien pagados por lo demás, pero jornaleros, del pensamiento único –más bien habría que decir, vacío-. Siempre hallamos a los mismos en todas partes; diarios, cadenas de radio y televisión… Dentro de esta especie o casta, porque éstos sí que constituyen una casta aparte, los que más me llaman la atención son los “conversos”, esos que vienen de la progresía de otras épocas oscuras, seguramente no más que ésta que vivimos, y que nos cuentan sus batallitas con las que intentan autojustificar su volantazo ideológico y, sobre todo, de clase, como queriéndonos decir que no, que no es que sean carcas, que no es que ellos hayan cambiado, sino que son los tiempos los que han cambiado y ya no valen las antiguas “recetas obreras”.

De entre éstos, especialmente me llama la atención el Sr. Pérez Henares. De “Mundo Obrero” a “La Razón”, del PCE a la derecha extrema. ¿Cómo se puede cruzar tan fácilmente de un extremo a otro, de una orilla a la contraria? Señores como Pérez Henares hablan de la crisis, justifican las políticas que la han provocado y, sobre todo, critican a quienes no aceptamos este estado de cosas, con una facilidad y una frialdad terribles. Bien acomodados en su tribuna mediática, desconocen lo que es no llegar a fin de mes, sufrir en sus carnes un desahucio o engrosar las listas del paro mes tras mes, año tras año.

El Sr. Pérez Henares representa a esa casta de supuestos periodistas, que dejaron hace tiempo de serlo para convertirse en los voceros del capital, en jornaleros de la mentira bien pagados. Hoy, precisamente cuando el periodismo está siendo pisoteado, cuando se ha convertido en una de las profesiones más precarias y violentadas, señores como el tal Pérez Henares no hacen otra cosa que denigrarla en cada tertulia y en cada columna de los medios a los que obedecen. Lo natural, en el ser humano y en la vida en general, es envejecer, acumular achaques físicos a la par que experiencias, pero no retornar a la caverna. Por eso, de entre todos los servidores de este capitalismo cínico, los más deleznables son quienes han renunciado a su clase, su ideología y sus principios por un plato de lentejas.

Que no se le atraganten, S. Pérez Henares.

Manuel Pegalajar Puerta

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