¡Que inventen ellos… los de la caverna!


Ayer los de la caverna mediática estuvieron finos – como de costumbre – analizando la manifestación que se celebró en Madrid (15 S). Mientras daban caña, tan de su gusto, a diestro y siniestro, llamó mi atención una observación sobre las numerosas banderas republicanas que se pudieron ver. Esas palabras daban buena cuenta de la concepción que tienen estos señores sobre asuntos importantes como España, democracia, monarquía, memoria, progreso, cambios sociales y otras cuestiones sobre las que sería demasiado extenso – y ocioso – reflexionar aquí. Por cierto, lector@s, yo portaba una bandera constitucional de la II República española.  La estrenaba, flamante, elegante, bella.

No hay como tachar de viejo y trasnochado cualesquiera cosas en los ambientes fascistas para, de un plumazo, que es lo mejor antes que argumentar- como si de una verdad absoluta se tratara – para dejar un tema espinoso zanjado; para desmemoriarse a sabiendas, que es como convertirse en un prevaricador alzehímico , y dar por sentadas, atadas y bien atadas, muchas cuestiones, acudiendo a la moral y poniendo distancia de la ética. Sonrisas en el plató al abordar el tema. Sin embargo, para nosotros los republicanos, aquellas desiguales en tamaño, con escudo y sin él, flameando contra el cielo de Madrid nos llenaban las almas de banderas.

Debo decir antes que nada que el gusto de estoscromañones hispaniae, realmente, mejor y para no confundir las acepciones de la palabra “real”,francamente (debo admitir que son descriptivos ambos adverbios juntos. Algo traiciona mi castellano) sería más del de los antidisturbios que mostraban en el salpicadero de su furgón, aparcado frente la sede de la Obra Social de la Caixa, una bandera con su pollo imperial. Ya se sabe… los servidores de la seguridad de la patria… Así que debo decir, que portar la bandera de la II República no es otra cosa que desear activamente el advenimiento de la III, a falta de una insignia que la identifique. Porque no, no se trata de una actitud, como ellos califican, de melancolía, de retorno o involución nostálgica, ni mucho menos.

He de admitir que el hombre suele ser cautivo de una cierta liturgia ritual, de la tradición, pero es evidente en mi caso que mi sentido estético admite esos tres colores juntos como algo realmente bello y elegante, además de como justo tributo por tanta sangre derramada casi al tiempo de nacer. No obstante no estaría en desacuerdo si la imagen oficial de la III República, por ejemplo, reuniera los colores: verde, rojo, violeta, blanco, naranja y todos aquellos que representase a todos los movimientos sociales enfrentados a este Régimen. ¿Qué mejor insignia que aquella que se ha trabajado individual y colectivamente como símbolo de la lucha por los derechos civiles, sociales y obreros? ¿Y cambiar de escudo…? ¿Por qué no sustituir de una vez por todas una simbología ficticia desde su mismo nacimiento, por la que se acuartela vecinalmente, los ancestrales reinos hispánicos que dieron en yuxtaponerse  bajo el yugo de dos aristócratas dando lugar a esta nación caduca en la que todos andamos goyescamente enfrentados a palos, bajo la mirada depredadora del águila imperial o coronada por una fortaleza medieval, pero coronada al fin y al cabo por una fortaleza medieval? ¿Nos representa hoy a la inmensa mayoría de los españoles y sus territorios autónomos semejante esquema? Yo diría que no. Y lo que es mejor: no queremos que esa imagen nos represente. Es caduca, vieja, o sea estropeada por el uso, un uso impuesto, absolutista, medieval.

Aquellos que no necesitamos revisar la historia de la génesis de esta nación, más que para evidenciar que es un fracaso de menor edad y más enjundia que la realidad histórica que nos precede en su totalidad, tenemos muy claro que todo pasa y confluye necesariamente por una organización nacional republicana y demócrata, que un día rozamos con las yemas de nuestros dedos, pero nos fue robada por la guerra, la muerte, los viejos caciques, los capitales de la burguesía más rancia, los omnipresentes aristócratas, prebendados con territorios feudales cuatro siglos atrás,  que para nada pensaban perder en favor de la realidad social que se abre camino desde hace lustros, y esa mirada secular de los países que nos empeñamos en dotar de cierta unidad política y económica, la UE, que piensan que más allá de los Pirineos comienza África, y para los que somos, cada día más, su coto de caza, su prostíbulo, su casino de juegos, su chacha para todo.

Podrá debatirse hasta el extremo, pero todos nosotros, los republicanos, la gente con dos dedos de frente sabemos qué quiso decir D. Miguel de Unamuno cuando aseguró ¡que inventen ellos!  No era el viejo catedrático ningún advenedizo precisamente…

Manuel Bermúdez.

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

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