Ni en reyes, dioses o tribunos…


Durante la tarde del sábado viví un momento muy importante. A la vez resultaba ser protagonista y espectador, supongo que eso tiene mucho que ver con la madurez de lo vivido. Tiene uno la agradable sensación de que la edad cronológica hace justicia a la psicológica. No digo que ambas vayan de la mano, porque si no fuera por los achaques, me siento mucho más joven que los cincuenta que se asoman ya por la esquina de lo que se establece como media vida.

Allí estaba, junto a Mariló que no quiere perderse nada importante para mi (eso si que es importante), y mis compañeros y compañeras, hasta ese momento, rodeados todos de una multitud de gentes de todas las edades. Tenía el momento un mucho de ritual antiguo, casi religioso diría yo y diría que no me equivoco, porque son múltiples los lazos que unen a lo largo de la historia estos movimientos humanos. Además estoy convencido de que para los hombres, manifestar su sentido de pertenencia, sus convicciones profundas, su compromiso auténtico y limpio, necesariamente ha de hacerse desde la formulación de un rito. La cuestión fundamental es si se trata de un rito de vida o lo es de muerte.

Creo en la bondad y en la maldad, en que ambas existen encarnadas en estos cuerpos y mentes que somos y nos rodean, también creo en el libre albedrío, por esto estoy convencido de que podemos calificar objetivamente los ritos como ritos vivificantes o exánimes en sí mismos.

En su artículo de hoy, Henrique Mariño, comienza: Hoy me levante ayer. Algo así sentí el sábado durante la tarde. En todos los sentidos cualquier cosa me trasladaba a ayer, a un tiempo difícil donde todo comenzó a cambiar porque los hombres rompieron súbitamente sus cadenas cuando llegaron a conocer. Se preocuparon realmente de ser los protagonistas de sus vidas y de no seguir al pairo de las órdenes de otros que sólo se aprovechaban de su ignorancia, de la inercia de sus vidas grises, del miedo que el hambre y Dios ejercía contra ellos y los suyos. Nada más recio, que dirían por estos pagos españoles, que aquel que nada tiene que perder y todo por ganar.

Treina y cinco años después de una cita que nunca se produjo, hice realidad mi deseo íntimo de pertenecer y llamar a mis compañeros y compañeras: camaradas, que al decir de mis mayores, es más que amigos. Recogí mi carnet del Partido Comunista de Andalucía en un acto precioso del PCA de Torredonjimeno. Lo recibí de manos de María del Mar, una camarada, una mujer, como todo lo importante en la vida, esto también llegó de manos de una mujer. Allí estaban históricos como Gabriel, Manuel Pegalajar, Luis Segura o Miguel Ruiz. No faltó Paco Mena, mi amigo; Felipe Alcaráz con su visión inteligente, aguda, de analizar el presente, algo tan complejo de realizar siempre si es con precisión. Rodeados de antiguas fotos de ilustres del pasado, presentes sus espíritus libres entre todos.

Tuve, tengo consciencia de la pertenencia a un movimiento histórico que consagró cambios poderosos y, al mismo tiempo, como cuando observas durante la noche el cielo limpio, sentí mi pequeñez y la grandeza de la acogida. Siento la impronta de un modo de entender la vida, las relaciones personales y sociales. Aun conociendo que no se trata del único camino, se que este tiene sentido, tiene una meta inalcanzable por la que merece la pena luchar. Es triste pensar que a estas alturas de la vida la humanidad necesite del concurso de los de abajo, para que los de abajo podamos vivir dignamente, esa es la realidad a la que me consagro desde este ritual.

Manuel Bermúdez Trujillo

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

Anuncios

2 comentarios en “Ni en reyes, dioses o tribunos…

  1. Tu entusiasmo en la adhesión a una causa que, aparte de la riqueza en dignidad, no te va a dar más que quebraderos de cabeza, tu valentía para arrriesgarte a lo que crees justo, por encima de cualquier cálculo “práctico”, agigantan tu talla, Manuel, hasta la altura de los poetas, los viejos héroes de la caballería o los buenos de los que hablaba Machado, de todas esas gentes, en fin, de las que se suele burlar la mediocridad y los faltos tanto de entusiasmo como de valentía. Y sí, sí te quitan años; de hecho, el entusiasmo sin cálculo es la fórmula tan ansiada de la eterna juventud, y qué duda cabe de que tú tienes la suerte de poseerlo aún. Como te envidio.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s