Pensamiento propio.


Todo gobernante tiene miedo a que su masa social tenga un pensamiento propio; de ahí que cada gobierno dedique demasiado tiempo y dinero del contribuyente a manejar la educación a su antojo. O como diría aquél, a su imagen y semejanza. (Ensayo sobre la lucidez. José Saramago)

Hace unos días en la serie de televisión española Cuéntame, pude volver a los inicios de la democracia, poco antes del intento de golpe de estado. La acción se desarrollaba durante las reivindicaciones feministas por el aborto libre y aquellas otras por la instauración del divorcio. Cuando miras lo que pasa en nuestros días, realmente un nudo se crea en la garganta, porque tienes la certeza de cuánto en sólo dos meses hemos involucionado, pero no ya en asuntos de derechos arrancados con esfuerzos al poder, sino, y esto es lo verdaderamente importante, en el tipo de sociedad que fuimos y ahora somos.

Aquí habrá tantas versiones como personas pueblan nuestra nación, pero en esta entrada mi cometido es expresar la mía, aquello de lo que estoy convencido. Allá por el inicio de la transición, ya legalizado el Partido Comunista y pasadas las primeras elecciones, por algún motivo que no alcanzo a concretar, nos manifestábamos diferentes colectivos ante las puertas del Ayuntamiento de Sevilla. Recuerdo que sale un concejal de los nuestros, y nos espeta: Ya podéis disolveros, la democracia funciona y es el tiempo de los políticos. Eran aquellos tiempos de mi militancia en Comunidades Cristianas Populares y, por entonces, mis simpatías estaban con el PSOE fundamentalmente. Esta anécdota ilustra a las claras lo que pretendo traer a la palestra.

Desde que el PSOE, en aquel congreso lejano abandonó el marxismo para abrazar la socialdemocracia de manos del antiguo Isidoro, reconvertido luego en Felipe González, las rebajas llegaron como por enero a nuestra vida cotidiana. En estos días terribles constatamos la desmovilización de la ciudadanía y la corrupción política – me refiero a la corrupción material, aquella por la que se compran voluntades de políticos por el capital financiero y los especuladores, pero sobretodo a la corrupción ideológica – . Para aquellos que no vivieron el inicio de la transición, ese episodio de Cuéntame es un buen ejemplo desde el que observar esta desmovilización.

Es responsabilidad de la socialdemocracia y de la izquierda política de nuestro país esa desmovilización ciudadana, pero para ser justos, aquellos que han tenido, no sólo, responsabilidad de gobernar y hacerlo durante decenios, sino de realizar pedagogía, son los culpables directos de que la riqueza de concepción y expresión política y social democrática se haya rebajado a cero patatero. 

Las coyunturas económicas propiciadas por el desarrollo habitual del capitalismo, desde hace decenios en su versión neoliberal, neoconservadora, o como queramos llamarla, pero capitalismo al fin y al cabo, se han ido sucediendo a lo largo de estos años, ha sido lo único que se ha mantenido transversalmente en su ortodoxia en el devenir histórico. Mientras que la labor pedagógica que la izquierda debiera haber ido desarrollándo, realmente, ha decrecido desde los primeros momentos – acuérdese de mi anécdota sevillana – hasta marcar la señal plana, de muerte o inexistencia que dice de nuestra sociedad lo que realmente es.

Se nos achaca a los comunistas un sambenito de naftalina nostálgica y fuera de la realidad cuando en nuestro discurso utilizamos el lenguaje marxista de lucha de clases, materialismo histórico, concepción científica de la historia, parias, lumpem, etc. , como si se tratase de algo negativo y peor aún como metodología o concepción trasnochada de la realidad, una antigualla, vamos. Sin embargo el lenguaje es importante frente a esta concepción postmoderna de la democracia o postdemocracia tan laxa, reformista y relativista. Para crear conciencia, capacidad de pensamiento propio, conocimiento de la realidad, necesitamos un lenguaje rico que pueda describir y expresar esa conciencia, pensamiento y conocimiento propios de la realidad, que nos permita posicionarnos en nuestra sociedad con sentido y así hacer valer nuestra voluntad, nuestras decisiones, nuestros anhelos. Pero esto es lo que no ha interesado a quienes nos gobiernan desde el principio de todo este despropósito pseudodemocrático que llevamos viviendo durante 35 años.

El partido (¿) socialista obrero (?) español, como el popular y otros muchos de antes y ahora, se ha profesionalizado y ha confundido los fines con los medios, haciendo de éstos aquellos. Se trata de gobernar, de retener el poder más para que no lo tenga el otro, que para realizar la labor de gobernanza a la que les obliga el voto. De ahí la corrupción ideológica y material. No interesa educar y liberar las mentes, no interesa el conocimiento, ni el posicionamiento social, porque eso hace peligrar su hegemonía. La ayuda de la corrupción material lleva el mismo objetivo, la perpetuación de una casta política mediante la compraventa de los votos, el amiguismo, la prevaricación política, te cambio terrenos o puestos de trabajo o eres a cambio de tu voluntad. Eso tan viejo que ya describió Goethe en su Fausto. Así en el gobierno de la nación, como en las comunidades, ayuntamientos, etc. Desmovilizada la sociedad por la falta de labor educativa de los políticos del PSOE, por la falta de ejemplaridad, por la propia falta de formación personal de sus cuadros que en ocasiones nos avergüenzan, pese a licenciaturas y titulitis diversa, el panorama social es el que es.

La derecha democrático-fascista que nos gobierna nos tiene en jaque a la clase trabajadora, esa que PPSOE, llaman ahora clase media y no lo es, ni lo ha sido nunca, y ahí estamos los de nuestra clase, esperando para hacer aquello que ya no sabemos qué es, esperando a que, no sabemos quién, de el pistoletazo de salida, para enfadarnos, rebelarnos, revolucionarnos, reformar, levantar la mano, el dedo… Motivos tenemos, ¿pero sabemos qué motivos tenemos, más allá de los personales y adosados a las traseras de nuestra nariz?

Manuel Bermúdez Trujillo.

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

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