La miseria […]es un lugar muy especial para el amor y la moral. (Carlos Cano)


No cabe duda que nuestra historia nos está pasando factura. Una factura de esas que te dejan con el culo bien pegado a la silla, los brazos muertos a cada lado del cuerpo, la mirada perdida, el corazón contrito y un sentimiento difícil de definir, entre resignación, ira e impotencia. Esto al menos entre aquellos y aquellas que ya cumplimos más de cuarenta, que fuimos la última generación de los que repetían aún con desconfianza aquello de no te signifiques. Bien mirado España no ha sido jamás un país democrático, no lo han dejado ser los caudillistas de siempre, desde el Cid a Francisco Franco, D. Manuel Fraga y lo que te rondaré… morena. Cada intento ha quedado sumido en la incandescencia entre la revolución, la rebelión y la aceptación resignada (muy católica, como nuestra negra historia) de que lo que viene desde arriba es lo que hay. A veces pienso que eso del pensamiento único lo inventamos los españoles, que para eso tuvimos a tan buenos maestros, desde las dinastías trastámaras, pasando por los austrias hasta  los borbones, desde Ignacio de Loyola hasta el último inquisidor, pasando siempre por el primado de Toledo. Nuestro descuelgue de la historia de los pueblos que se saben perdonar, para reiniciar su capacidad de error sin complejos ha sido patente y lo continúa siendo en nuestros días.

En Andalucía particularmente, ya que soy andaluz y tengo memoria, este rasgo de españolidad esta perfectamente delimitado por nuestras actitudes vasallescas. Claro, hasta el peor de los vasallos ha sabido tener un rasgo de honestidad y decencia, así ocurrió a veces como cuando las movilizaciones en torno a nuestra autonomía, pero esto, salvo honrosas excepciones de la vega del Guadalquivir y la sierra sur, como califatos históricos, no ha borrado nuestra historia de desencanto y humillación.

Todos los que vivimos aquí sabemos bien que hemos pasado de vasallos del señorito, que en nuestro folclore tiene tanta presencia y más de una justificación, a una nueva forma de vasallaje,  ya el gran Larra la dibujaba en sus escritos: el clientelismo y el cesantismo, así, sálvese quien pueda, mientras tengamos para comer hoy, no nos metamos en líos y estemos prestos para la prebenda. Hemos olvidado el significado de la palabra dignidad y nos hemos quedado sólo con el gesto caballeresco de nombrarla, pero vacía de contenido, tal vez porque en el fondo no la hemos asumido como un valor real. De ahí tanto estómago agradecido a tanta subvención, a tanta aceptación de oportunidades precarias. Hay mucho del peor Unamuno entre nosotros: que inventen ellos. Nuestra Comunidad y un gran número de nuestros pueblos viven desde hace tiempo con el carné en la boca, porque reciben algo, porque lo tienen prometido o por si las moscas. Somos una reedición del Paco y la Régula de Delibes. Amedrentados, inclinados, temerosos, aislados, rodeados de miseria, aunque ahora la miseria también sea compatible con un plasma de 32″. Pero oye bien, paisano, que si cambiamos de amo, bien que nos aseguremos de que sea igual de potente que el anterior, además así garantizamos el cainismo tabernario, la murmuración de los abastos, el vituperio en las salas de espera, en el médico o en la peluquería.

Vas de pueblo en pueblo de esta Andalucía del siglo XXI escuchando las mismas quejas, pero, qué curioso, legislatura tras legislatura tenemos los mismos alcaldes (no importa el color, no sabríamos vivir sin el caciquismo de toda la vida), los mismos curas – que yo sepa el concordato lo firmó el estado, no nuestra comunidad – pero a ver quién le pone el cascabel al gato de la laicidad, nosotros tan marianos y tan de cumplir, que vivimos en una especie de estado de sitio eclesial en 2012 (!!) Todos sabemos en el fondo de este pozo que más bien parece una sima, que nuestra manera de conducirnos en la vida puede ser más digna, pero nos puede la consigna, el regalo, el halago a nuestro bolsillo, sentirnos el Paco del señorito Iván, bien dispuestos a hacer de sabueso porque eso además tiene su grasia y comicidad.

Ahora el chiste ha vuelto a cambiar: Vente pa’lemania tío, porque pa quedarnos con el per… que es lo que hay: o per o lemania, o lemania o per, que nosotros somos unos mandaos. Los mismos pobres, los mismos aflamencaos, los mismos ilustrados, los mismos banqueros, los mismos políticos en el poder dejándose la vida y llenando su bolsillo por nuestro bien, con las mismas buenas palabras, comparándose siempre con Cataluña o con quien haiga que compararse manquepierda. Me dirás lo de las células madre y los parques tecnológicos… y no seré yo quien te lo niegue, pero baja pa’bajo paisano y verás que estamos hechos del mismo barro reciclado del XIX y ya ha llovido. Instalados en el victimismo oímos las paridas del de Alba y nos mosqueamos para luego saludarlo y antes entregarle a su señora madre, que tanto ha hecho por la cultura andaluza, una medalla de oro, como se la entregamos a Carlos Cano, María Zambrano, Diamantino García o Ana Rossetti, Te doy una medalla como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla: como doy el amor, al voleo.

Ahora que vienen las elecciones lo vamos a arreglar todo para dejarlo igual: nuestra televisión autonómica con esos programas culturales, halagando al que mande en el Aljarafe, probablemente privatizando el pan, la sal, el aire y la luz, con las cesantías ya preparadas y los nuevos con los zapatos recién comprados. Cambiar para seguir igual per saecula saeculorum. Amén.

Ah, y no te signifiques hermano, porque como en pleno siglo XIX en estos pueblos y ciudades de nuestra comunidad, te ven rojillo y zas, ¡el comunista / la comunista !, ya ves, a pesar de lo que está lloviendo por esas cunetas, a pesar de tanto hueso degradado por la cal viva, aunque somos igual de personas que los de la gaviota y la rosa, la rosa y la gaviota, te conviertes en ese otro, lo más bonito que puedes oír es eso de romántico fuera de la realidad. Que es lo que interesa, calumnia que algo queda.

Porque seguimos pensando que otro mundo es posible, pero no un mundo que no es de éste como el de las iglesias o star wars, sino éste nuestro de tierra y piedra, agua, volcanes y personas, porque creemos que la felicidad no es algo que se compra o se vende, porque creemos en lo público como garante del bien común, creemos en la unión de las fuerzas y en la dignidad individual y colectiva, porque tenemos un programa serio, factible, realista, provincializado, que define bien las necesidades y soluciones para cada una de nuestras tierras. Programa… esto no vende, así que la rosa y la gaviota, la gaviota y la rosa, estén como estén, de fuertes o de refundación, nos recorten o nos engañen, son nuestro pasado, presente y futuro. Eso lo da el vasallaje, la falta de ambición, de ilusión y creatividad. Mejor pájaro en mano, aunque el perro lo haya mordisqueado y llenado de babas.

Manuel Bermúdez Trujillo

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s