Sabios hasta la extenuación. Un relato pastoril


Ayer llegó a mi conocimiento un hecho muy ilustrativo de la situación general de nuestro pueblo, y, mucho me temo, de la generalidad de nuestro país y más allá.

El AMPA del IES Miguel Sánchez López organizó una reunión para reactivar la escuela de padres, para lo cual, como es lógico, avisó a padres y madres de todos su alumnado con la fecha y hora de esta reunión. El resultado de la misma fue que asistieron 5 profesionales del Instituto y una madre de un alumno. ¡Bárbaro! (diría un familiar argentino muy querido)

Si esta reunión hubiera sido para realizar un viaje, para organizar una comida fraterna en Santa Ana, para salir en fotos el cualquier diario, para bendecir un nuevo varal de plata de alguna de nuestras cofradías, para asistir a un pleno porque se teme que los enchufes y los amiguismos locales corran el riesgo de dejar de transmitir su fluído de influencias, etc ¿hubiera pasado lo mismo? Algo me dice que no.

Cuando desde el mundo de la política, los de izquierda nos quejamos de la desmovilización ciudadana que el centro derecha español ha sabido sembrar con su clientelismo y su decir que si a todo lo que otorga votos y prebendas ¿creen nuestros ciudadanos que sólo nos referíamos a nuestra participación ciudadana en lo político? no, hombre, no.

Lo peor que una sociedad puede incorporar a sus valores es aquel de estar en la posesión de la verdad y de la certeza de conocer todo, porque eso es lo único que explica que la labor de auténticos profesionales que no ganan nada de particular, y en cambio consiguen buenos quebraderos de cabeza, se vea desasistida. Cuando nos creemos capaces de todo, sabedores de todo ¿quién está dispuesto a reconocer que a lo peor no es tan sabio ni tan conocedor y le hace falta una buena dosis de humildad para ayudar de manera eficiente y con todo el amor necesario a sus hijos? ¿O es que las AMPA sirven sólo para lo lúdico y para rellenar papeles?

Es obvio: nos hemos constituido en un rebaño bien adocenado, que se mueve por donde va Vicente (disculpas a los Vicentes auténticos) Nos quejamos del fracaso escolar, llenamos de horarios interminables de actividades complementarias a nuestros hijos e hijas o los dejamos solos durante horas frente a las pantallas de juegos electrónicos, chats o emisiones de TV, pero no nos creemos que algo de nosotros puede mejorar, que podemos ser mejores padres y madres, que tenemos mucho que aprender, que el aprendizaje no se acaba jamás. Tenemos tiempo para las visitas, para las asociaciones, para la caza, para los bares, para el deporte, para el trabajo, pero no encontramos hueco para ayudar a educar con más conocimiento a nuestros hijos. Dejamos a los educadores profesionales a los pies de los caballos y no pocas veces los dejamos tirados como a colillas frente a situaciones violentas, porque nos hemos vuelto patriarcales en vez de padres y madres.

Cuando desde organizaciones como IU hablamos de desmovilización, hablamos realmente de ignorancia. Nos hemos vuelto ignorantes de conocimiento, ignorantes de nuestros derechos y deberes para lo público y para lo privado. El lema del mundo actual es “sálvese quien pueda” y ahí te las den si no llegas, mariquita el último. Nos movemos para tener más, para conseguir más, acudimos a las grandes superficies, a los eventos multitudinarios religiosos, políticos, deportivos; llenamos cines aunque no sepamos si la peli es un bodrio o una obra de arte, votamos pensando en nuestro bolsillo privado, en nuestras oportunidades individuales, como colectivo, como sociedad, como ciudadanos lo hemos perdido todo. Nos saludamos por la calle, todavía, pero somos ruines cuando se trata del bien general y colectivo. si no ¿cómo explicamos que una escuela de padres no encuentre padres para formar? No somos: Tenemos.

¿Cómo pretendemos salir de este atolladero que es algo más que económico, si en lo más personal y cercano no nos involucramos? Es que somos tan inteligentes… Un profesional me dijo una vez que sonreí frente a una afirmación suya: te ríes de tu propia ignorancia. Tenía más razón que un santo, ya no me ha vuelto a ocurrir. La ignorancia no es no saber, eso es falta de cultura, la ignorancia es creer, con prepotencia, que sabemos todo lo que hay que saber, que ya nadie nos pueden enseñar nada.

Si no conocemos con toda la profundidad que se merece las cosas que nos rodean, cualquiera puede hacer con nosotros lo que le venga en gana, cualquiera nos puede engañar, llevarnos como al rebaño, con la ayuda de perros pastores por donde nos quieran conducir. Después lloramos y nos quejamos de nuestra mala suerte. No. Lloramos por nuestra ignorancia.

 

Manuel Bermúdez Trujillo

 

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

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