El increíble día glacial de la Constitución


Mañana se celebra, quien lo haga, el día de la Constitución. Ah! cómo hemos cambiado!, que decía la canción, o como decía 20 de abril del 90: Ya no queda casi nadie de los de antes, han cambiado, han cambiado.

Creo que los españoles jamás hemos celebrado la Constitución, porque todos hemos sabido siempre, incluso aquellos que la votaron (yo no tenía edad entonces, pero recuerdo bien muchos comentarios de la época), que tenía deficiencias obvias. Como aquí somos muy dados a celebrar con exageración sevillana lo que nos parece exportable o por el contrario aquello que acabamos de enterrar, siempre se ha puesto mucho color en esto del día que la festeja. Pero no nos engañemos, la mayor parte de las personas que ese día salen dispuestas a la celebración lo hacemos por que significó un salto cualitativo desde el caudillismo del Cid, pasando por los Austrias, los Borbones y el Generalísimo, así como sus príncipes, validos, hijos putativos, almirantes, etc. a un sistema de gobierno democrático.

Pero ahora el tiesto se ha roto en mil pedazos, no porque todos pongamos en duda en algún sentido la carta magna, sino porque la percibimos hoy más que nunca, como papel mojado. Papel del bueno, de mucho gramaje, pero mojado como una aljofifa de aquellas grisaceas con las que antes las mujeres limpiaban los suelos de rodillas. Tal vez la reforma constitucional recientemente realizada sin consulta popular, en tiempo record y a petición extranjera haya sido el acto más ruin que se podía añadir a los errores que contenía el documento. Lo cierto es que ya no es creíble ninguno de sus capítulos, sencillamente porque sabemos que lo son, pero de un plumazo pueden no serlo de hoy para mañana. El bipartidismo y ahora el añadido de la mayoría parlamentaria nos ha convertido desde el 15 M a la mayoría de los españoles en ateos o agnósticos constitucionales, tanto como demócratas hastiados. Cuando esto ocurre, míralo bien, da un miedo tal que ni el mejor de los Hitchcock.

El descrédito político actual es de tal calibre que sólo ver asomar por la pantalla de las tv a personajes singulares como a Mario Conde incorporándose al análisis político-económico, con esos pelos engominados, ese cuello estilizado y la tez larga, de mirada segura, me recuerda al marqués de Estella. Ese descrédito político puede darle alas a estos marqueses o a otros, y seguidores innumerables, que olvidan pronto de dónde vienen personajes así y no quieren ver hacia dónde van. Preguntemos a los ciudadanos Marbellíes qué les ocurrió con el ilustrísimo Gil. Nada es imposible, menos cuando la cultura no da ni para distinguir el verbo ver del haber y cualquier cantamañanas se convierte en ídolo de masas.

Dice una amiga mía que lo que predijeron los mayas para el 2012 es un cambio de paradigma social. Es evidente que tiene razón, lo que no sabemos es a dónde nos va a llevar ese nuevo paradigma.

Lo único que sabemos la gente de bien es que el juego de mayorías no es bueno para nadie, que la política con mayusculas no se hace por la fuerza (mayorías) sino por la negociación. Sabemos que la monarquía es un lujo (no por estupenda) que responde sólo a una ensoñación tradicional, una especie de jarrón de buena marca que heredamos de una tatarabuela y ha sido conservado entre nuestros recuerdos familiares, más por el prestigio social que nos creemos que nos da, más por que la tradición dice que la tatarabuela era un caso de bondad y entrega, pero de la cual no sabemos realmente nada de nada. Muchos sabemos que el federalismo es mejor que el autonomismo, más si este es asimétrico, porque para eso están los referéndum de auto determinación y acabamos antes y mejor, lo de una, grande es también una tradición de medio siglo al fin y al cabo. Etc, etc.

Mañana no será ningún día de fiesta, será un día de introspección, de película de suspense, de animales temerosos por la apertura de la veda. Estas cosas nunca acaban así, y los dos viejos mamuts de la política lo saben, pero la era glacial les da para vivir, por eso no dan para más, lo demás les importa un bledo.

Manuel Bermúdez

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

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