Cartas a mi amigo


Somos las dos cosas: un país de cristianos viejos y de conversos. Ya sabes que cuando se dice cristianos, realmente, se quiere decir católicos, o sea monarquicos absolutistas como el Vaticano, anclados en el pasado y las tradiciones, descendientes directos de los reyes católicos, su jefe de gobierno el Cardenal Cisneros, su jefe militar, Gonzalo Fernández de Córdoba y el ilustre inquisidor general Tomás de Torquemada. Por otra parte también sabes que nada más rancio y fundamentalista que un converso, quien reniega de su fe se convierte en el más sanguinario adalid de la nueva abrazada.

Cuando hace días un amigo me preguntaba con ironía punzante: ¿es que os queréis salir de Europa? sin esperar respuesta porque realmente no se trataba de preguntar, sino de acusar de heterodoxos o payasos, me dije para mis adentros (los de la razón y las tripas) ¿de qué Europa?.

Volvemos a la cantinela: La ausencia de crítica, aquello de dar por bueno lo que la gente (gobierno, instituciones, fundaciones de pensamiento: Elcano, Faes, Ideas, etc.) nos elabora. Sale por tv, es cierto, está en internet, es cierto, lo dice el FMI, es cierto, lo dice Barroso, es cierto. Pero ¿no es también cierto que las fronteras Schengen se abren y/o cierran cuando a cualquiera de los estados irreemplazables (léase, Francia, Italia, Holanda, Alemania) lo desean? ¿no es cierto que el Reino de la Gran Bretaña está a lo que le interesa?, ¿no es cierto que esta es una Europa de los capitales, un gran mercado, un zoco occidental, donde las personas o son clientes, o productores, o deudores, o acreedores, o súbditos tanto de monarquías como de repúblicas? ¿No es cierto que la Constitución, el Tratado de Lisboa, no fue refrendado por los súbditos europeos y se impuso por sus santos h…?

¿Salirnos de esta Europa? ¿pero de verdad la das por buena? ¿hay algo aprovechable, digno, ciudadano, ético? ¿Cuánto cuesta una transformación, una licencia de obras de mejora y cuánto un derribo que sólo deje en pie la fachada ecléctica para luego construir habitáculo por habitáculo, desde sus cimientos, lo que desde el principio debe ser un hogar, suntuoso, pero familiar y lleno de alegría y justicia?

¿De verdad te piensas más sensato cuando me estallas tu pregunta directiva? ¿no harías mejor en salir del bosque para que los árboles te dejen ver las montañas?

Pais de viejos cristianos, conversos y herejes. Ya sabes, la blasfemia es la oración de los pobres. (Gustavo Gutiérrez, dixit )

 

Manuel Bermúdez

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

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2 comentarios en “Cartas a mi amigo

  1. Cuánta razón tienes, Manu, cómo creemos que pensamos, que tenemos formada una opinión propia y personal sobre las cosas cuando en realidad lo que hacemos es repetir lostópicos y los sambenitos-como buenos conversos arrepentidos-con los que nos machacan inmisericordemente desde los medios de comunicación. Pensar es difícil, y arriesgado. Tener criterio propio, casi imposible, y requiere horas y horas de estudio, de conversación fértil, de reflexión. Vivimos instalados en la ilusión de nuestra independencia e individualidad, y nos arrastra la corriente. Excéntrico, te llaman, payaso, radical, iluminado… si quieres tener criterio propio. La verdad es sin embargo la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

  2. ¿Sabes una cosa? caigo en la cuenta de que a la gente que verdaderamente se siente de izquierdas. Insisto, se siente, no que milite, que medre, o que se vanaglorie o utilice cualquier medio para ser el centro de atención, sino aquella persona que ha incorporado la ética y valores de la izquierda, es imposible que le ocurra eso. Porque ser de izquierdas y dogmático/a es excluyente. Se puede ser de izquierdas y por tiempos concretos suscribir consignas, pero aún así una persona de izquierdas si no tiene clara esa consigna no la repite. Será que ser de izquierdas es levantarse cada mañana dispuesto a la sorpresa, a la admiración, con el corazón abierto de par en par, pero al mismo tiempo con la mente lúcida, dispuesta a asimilar, discutir, ser permeable a lo nuevo y distinto, firme en las convicciones y dispuesto a escuchar siempre, teniendo como centro de todo la Vida con mayusculas, esto es la humanidad, los hombres y mujeres y la naturaleza como entorno vital.

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