¿Hubo un debate?


ANA MORENO SORIANO

En esta España nuestra, que consagró en su Constitución de mil novecientos setenta y ocho el pluralismo político, es cada vez más difícil escapar del bipartidismo. Las técnicas para llevar a la conciencia de la gente la alternancia política de los dos partidos mayoritarios pueden ser más o menos sutiles, pero siempre persiguen el mismo objetivo.

El pasado lunes, hubo un debate en la televisión pública, que transmitieron algunas cadenas privadas y televisiones autonómicas y que se presentaba como un cara a cara entre los candidatos de dos partidos, negando a las demás fuerzas políticas que concurren a las Elecciones Generales el derecho de presentar a la ciudadanía sus programas de gobierno y de contrastar con todos –también con los partidos que hasta ahora han obtenido mayor representación institucional- las propuestas y la acción política. 

Asistimos a un debate entre dos candidatos cuyo contenido, por otra parte, era bastante previsible: uno, se presentaba sin ninguna autoridad moral para convencer y planteando alternativas a su propia política y otro, convencido de que puede gobernar, aunque sea menos por méritos propios que por deméritos ajenos. Pero no fue sólo eso, sino que la comparecencia se había publicitado con todo lujo de detalles, se había anunciado como un espectáculo, se habían hecho eco todos los medios de comunicación y se había presentado como “El debate”, con el artículo determinado propio de las realidades conocidas por todos; no sé si se habrá escrito también con mayúscula, como la Academia o el Renacimiento, pero no me extrañaría, si con ello piensan los ideólogos del bipartidismo que le otorgan más entidad, le diferencian de cualquier otro foro donde se debatan propuestas o le suman algo de importancia y de reconocimiento en la conciencia ciudadana.

Sin embargo, toda esa labor ideológica no ha impedido que mientras dos candidatos hablaban ante las cámaras de televisión, muchas personas denunciaran el bipartidismo y exigieran una democracia de calidad, en la que algunos no se incorporen a la carrera cuando otros llevan kilómetros de ventaja y encima digan que es que son más rápidos. Por eso, el mismo día que anunciaban la comparecencia del candidato del PSOE y del Partido Popular, muchas personas se juntaron en Valencia, en Madrid, en actos públicos y reuniones en muchos pueblos, para presentar las propuestas de gobierno que pueden cambiar las condiciones reales de vida de la gente. Por eso, algunos militantes de partidos que siguen haciendo las campañas electorales con trabajo voluntario, se fueron esa noche a pegar carteles de Cayo Lara, para que al día siguiente lo viera la gente que sólo vio en la tele a Rajoy y a Rubalcaba; por eso, circulan por Internet mensajes y propuestas alternativas al bipartidismo que no tenían cabida en el debate de los candidatos que, sin ser iguales por ideología y mucho menos por historia, sí se inscriben en las políticas neoliberales y se pliegan a los intereses financieros, aunque sea a costa de recortar derechos duramente conquistados por los trabajadores.

Ciertamente en ese debate, por más que lo escriban con mayúscula y con artículo determinado, no se habló de la calidad de la democracia, de la corrupción que tiene nombres y apellidos; no se planteó un modelo productivo alternativo al que ha producido en España tanto paro y precariedad en el empleo en los últimos años; nadie se responsabilizó de la privatización de los servicios públicos ni de las asignaturas pendientes en políticas de igualdad de género y, mucho menos se mencionó a los miles de personas que esa noche se iban a acostar con la amenaza de un desahucio al día siguiente o con la perspectiva de otro día sin trabajo y sin ningún tipo de prestación social… Fue un debate sin pasión y sin convicción y yo, mientras escuchaba a uno y otro candidato, pensaba en que merecemos otra democracia y que, en estos momentos, es más necesario que nunca rebelarnos…

Por eso votaré a Izquierda Unida en las próximas Elecciones Generales, porque es una buena forma de rebeldía en la calle y en las urnas.

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)

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