carta abierta a los fantasmas.


Resulta cuando menos curioso y digno de estudio científico observar las reacciones de sectores de la población cuando las cosas no le vienen al pelo. Lo sencillo y gratuito que resulta difamar, contar mentiras como puños, divulgar rumores, hablar de lo que no se tiene ni pajolera idea, arreglar el mundo desde el teclado de un ordenata, cuando no desde la puerta del bar o, ahora en veranito, a la sombra de una cerveza bien fría, poniendo, de paso, a parir a esos gilipollas que están en el Ayuntamiento.

Hablo de  los “aficionados” – porque no nos confundamos, que esto es el ruedo nacional – a los partidos y a la política, ni siquiera comprometidos, o sea, afiliados y no afiliados, pero sí registrados en su cainísmo contra todo bicho viviente. Los azuzadores del resto del espectro (por fantasmal, en cuanto que no son claramente identificablescomo los fantasmas que nos asustaban de chicos, y fantasmales en cuanto que personas envanecidas y presuntuosas) espectro, digo,  político torrecampeño se comportan de similar manera.

Decir esto es una obviedad en España, y este pueblo, como todos, son España, aquella retratada por Goya y Velázquez, la del garrote, las brujas, los san benitos, los corre ve y diles, las almas malvendidas que se ven en los ojos de hombres de orden retratados por los pintores de la corte. Decir esto efectivamente es una obviedad en España: aquí, la mayoría, no habla de lo que sabe, sino de lo que les interesa aunque no entienda un pijo. Dice un refran popular: critica que algo queda, que es como decir qué te importa si esta o aquella persona son gente honesta y trabajadora, tú siembra la duda, que al final será lo que decimos que somos. La cúspide del refinamiento en estos ardides llegó en los tiempos que corren de la mano de Ansar, Aznar, digo. No se puede ser mas falso y parecer un bendito, después continuó con Zapatero y su no crisis y los brotes verdes, coño, yo hasta pensé que hablaba de majuletas.

Lo malo es que como ésto está en nuestra genética íbera, no es que se contagien, sino que recurrente, como cualquier enfermedad crónica, sale a su paso una y otra vez, cansinamente. Son un pueblo de habladurías, de nadar y guardar la ropa, de vitorear al cenutrio que harto de alcohol y con una vida a estas alturas regalada, mata a un semejante en la carretera y a muchas mujeres se les caen las bragas de mil amores, como sustituyendo a la muerta del que el susodicho es viudo. Nos gusta crucificar a los deportistas que sin más ayudas que sus propios bolsillos y los de sus familias han llegado donde están, y como ahora son números uno, son altaneros, y seguramente se drogan. A los actores y actrices que han demostrado a lo largo y ancho del mundo su buen hacer, pero que como no se avienen a contarn de qué color llevan los slips o si a él le gusta el cocido de la suegra, son unos malajes prepotentes.

Cuando el dinero rulaba por nuestra tierra como si de un casino de las Vegas se tratara, todo iba de puta madre, ahora prefieren la faca y la lengua viperina para devolver la gloria a sus vidas y el buen nombre a sus familias. Y, no te quepa duda: solucionan con la misma facilidad una faena en la Maestranza, un partido de fútbol contra brasil, que el problema del paro,  la corrupción y todos esos males que los demás, no ellos que somos más bonitos y buenos que un san luis, se han traído como unos desgraciados que son.

Pues mire usted sr. fantasma, usted que habla en los bares al abrigo de los amigos, usted que se oculta tras un nick en los foros virtuales, usted que no dispone de  fidelidad no ya a un compromiso político, probablemente ni siquiera a su una esposa o su hijo, usted que gusta de oír lo que ahora es conveniente oír y lo repite sin verguenza torera, usted que se rompe la camisa ante un rumor, pero es incapaz de ser honesto consigo mismo, usted, señor,  no es ni mi amigo, ni mi compañero, ni el objeto de mi interés como persona. Ni siquiera ocupa usted en mis preocupaciones lo que ocupa una golondrina o un arado, o las piedras redondeadas junto a una rivera. Porque todas esas cosas me dan vida y usted no hace otra cosa que alimentar venganza, odio, repudio, ¿qué otra cosa es la muerte?, Allá usted con su ábito de dormir sobre su ataud y en vez de pijama vestir un sudario raído por el uso de tantos años de infame vida.

No me interesan nada las personas que no buscan su propia verdad por caminos honestos, que se informan y contrainforman, que se confrontan con los demás, que se miden con otros que a todas luces son mejores, no para tener el mismo LCD o plasma o puesto de caza, sino para ser hombres de provecho para sí mismos y los demás. Prefiero rodearme de amigos que de conocidos, sentir que tengo  mucho de lo que aprender y que dejan lugar a que me exprese y son comprensivos ante mis errores.

Prefiero a la gente que se moja y participa, la que se afilia (del latín, junto al hijo), la que no se afilia pero prefiere jugar a descubrir que a hacerse loro de piratas, la que sale con toda la verguenza a los estrados, la que defiende una idea propia hasta el fin, la que hace suya una idea ajena porque los argumentos lo convencen íntimamente, en fin, la que habla y actúa por conciencia propia y no al dictado de su amo, sea su amo otra persona, un grupo, la tv o sus intereses más mezquinos.

En todos los partidos políticos que existen y existirán hay gente así, aquí la hay, a algunos y algunas las conozco. Son perlas, un regalo que debemos saber agradecer: Jésus, el más jovencito, Pedro Quesada, Paqui, en el PSOE, Josefina Llinares en el PP, Manuel Pegalajar o José Luis Espejo en IU. Aunque sean contrincantes políticos los escucho con atención, porque sé que les mueve un ideal que nació seguramente en su juventud, como a mi me ocurrió, porque sé que su honestidad no da para una venta barata por 30 monedas de plata o de dolares, Con esta gente iría al fin del mundo aunque no pensaran lo que yo. Pero con usted Sr. fantasma no iría ni siquiera a acompañarle a la puerta de la calle, por la que le ruego se olvide usted de entrar, de pasar, de pensar.

Una sugerencia al inframundo: ser fantasma no es algo fatal, se puede solucionar sin ir a la farmacia, sólo leyendo ésto o callando, escuchando y teniendo el valor de formarse una idea propia, se consigue. Anímese a buscar la verdad, que ya hace mucho que se sabe que nos hará libres, sobre todo del amo que es usted mismo, y sirva para algo más productivo a quienes le rodean.

Suyo, desafectísimo

Manuel Bermúdez Trujillo

(IU Torredelcampo no se hace responsable de las opiniones personales de los colaboradores de esta web cuando hablan de manera personal)
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