La violencia de género es cosa de todos


II Informe Internacional de Violencia contra la Mujer del Centro Reina Sofía

Fuente: "El País" 5/07/2011

Agradezco el número de lectores que nuestra entrada de ayer tuvo, y sobre todo agradezco los comentarios que se recibieron, y que como es nuestra costumbre, tuvieron respuesta y la tendrán siempre.

Quiero hacer una reflexión más profunda sobre la responsabilidad compartida que instituciones y sociedad tenemos en la tragedia de la violencia de género. Como contesté en mis respuestas a los comentarios, siendo vital el peso de la ley, la prevención y persecución policial y el funcionamiento correcto del Poder Judicial, necesitamos hacer un llamamiento al sentido común para abordar este terrible problema que tanto dolor, tanta muerte y tanta injusticia, más que cualquier epidemia, accidentes y consecuencias de guerra, ha dejado a lo largo de la historia de la humanidad.

Ahí están los datos fríos, en un estudio realizado en el presente año 2011 por el Centro Reina Sofía para realizar su II Informe sobre Violencia de Género. Lo primero, como verán, es  que la información que facilitan los países es de 2003,  que sólo algunos países (23) del mundo mantienen un registro de lo que sucede, el resto – por ejemplo Francia – ni eso, lo cual nos puede dar un indicador de la importancia que se da al asunto.

Bien. Nosotros nos quejamos, con muchísima razón, de qué hacen los políticos, la policía, la ley, los jueces al respecto. Pero, como un día dijo el presidente de los Estados Unidos de América, no nos preguntamos con la misma intensidad ¿qué podemos hacer nosotros por que las cosas cambien radicalmente? Es evidente que nos gusta echar balones fuera, como si el problema fuera de otros. Pues si haciéndolo tan mal somos uno de los países que mejor controla, en que menos muertes se producen, ahí está el gráfico oficial internacional, ¿qué es lo que está fallando?

En España nos gusta eso de mirar al otro desde la altura de nuestro hombro, y eso de ver la paja en el ojo ajeno, teniendo como tenemos unos más, otros menos, la casa por barrer. ¿Entonces qué, mejoramos la justicia, la ley y la policía como en Alemania, o como en Suiza, o tal vez como en Bélgica, sede del Parlamento Europeo? ¿no son siempre estos nuestros países de referencia, donde mejor se trabaja, hay más justicia, más progreso? Mire usted ahí arriba, en el dibujito.

Claro, también podemos ser como los chipriotas, que nos llevan dos puntos de ventaja, o sea dos muertas menos de cada 100.

En estos países las penas varían mucho las unas de las otras, en muchos estados de Estados Unidos existe la pena de muerte y la cadena perpetua, investigue usted, amigo, amiga, si baja mucho la violencia de género.

Dicho de otro modo, si esto es todo lo que la policía, los políticos y los jueces saben hacer hoy, ¿no será que hay que echar una manita por parte nuestra?. El día que fue asesinada Purificación Armenteros no encontré un solo hombre, ni uno sólo en todo Torredelcampo que dijera como yo que se avergonzaba de lo que hacíamos los hombres, pero oiga, tampoco tuve más que palabras agradables de mujeres, cuya complicidad agradecí para siempre. ¿Cuantos hombres aquella mañana en que escuchaban al asesino en el bar corrieron a llevarlo a la Casa Cuartel de la Guardia Civil? ¿Cuantos hombres y mujeres que sabían desde antes lo que estaba sucediendo dijeron, eso es cosa de ellos y de su familia? ¿Cuántas personas en sus hogares con la lastimita y la desigualdad dejan que sus hijos muestren por la calle la marca de sus calzoncillos pero a sus hijas las achuchan para que su falda no sea tan corta?, ¿cuántos hombres llegan a las tiendas e impiden que sus mujeres lleven ropa bonita porque enseñan lo que ellos no quieren? ¿Cuántas mujeres no se compran esa ropa por (Dios mío) respeto a su marido, o peor aún, a sus hijos? ¿Cuántas veces sabemos que nuestros pequeños barones tratan mal a sus compañeras y decimos: esto es de hombres? ¿Cuántas veces sabemos que nuestros propios hijos nos faltan al respeto, a sus profesores, a sus compañeros? ¿Cuántas veces todo lo que hacemos es quitarles la Play un rato y pensamos lo nobles que son, lo buenos que son y no nos preocupamos porque, además de nobles y buenos, sean respetuosos?

¿Todo es política, justicia, persecución policial, o leyes? ¿No será que nos gusta  la cervecita bien fría y la telenovela más que nuestros propios hijos, posibles futuros maltratadores, posibles futuras víctimas? Yo sé lo qué hago al respecto, pregúntate tú qué haces o qué dejas de hacer, y luego exige de los demás lo mismo.

Manuel Bermúdez.

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